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Un pequeño paso para Francia, un gran paso para la homosexualidad

Editorial
Sociedad

         

Tras un largo debate parlamentario, y si el Senado aprueba la moción, las parejas homosexuales francesas podrán casarse y adoptar. Esta decisión ha estado precedida por multitudinarias protestas en las calles de París y zonas periféricas. Tanto partidarios como detractores de la reforma han aprovechado estos días para reivindicar sus posturas.

Somos conscientes de que esta reforma, que en España fue aprobada en el año 2005, ha sido posible gracias a la victoria en las pasadas elecciones de la izquierda francesa. Prácticamente la totalidad de la oposición votó en contra de esta medida.

La ministra de Familia, Domique Bertinotti, declaró tras la reunión con el Consejo de Ministros que es una etapa “muy importante hacia la igualdad de los derechos”. Y no le falta razón. De este modo Francia se suma a la ya considerable lista de países que han adoptado esta medida en los últimos años. Se demuestra así el avance que poco a poco está experimentando la sociedad. Lo que hace unos años era algo impensable, ahora se está convirtiendo en una realidad.

Merece una especial atención el caso de España. Con una trayectoria democrática bastante más corta que el resto de países europeos, nuestro país tardó poco en ponerse al día en lo que a matrimonios homosexuales se refiere. Si bien es cierto que con la llegada del PP al Gobierno en 2011 estas medidas han intentado frenarse. El Partido liderado por Rajoy presentó un recurso contra el matrimonio homosexual una vez que la ley fue aprobada por el Gobierno de Rodríguez Zapatero. No obstante, en su sentencia, el TC falló a favor de la igualdad al margen de la sexualidad.

El tema de la adopción ha provocado un mayor debate, al menos en nuestro país. Mientras que en un matrimonio las personas involucradas son sólo los dos cónyuges, en la adopción entra en juego un tercer componente, ya que condiciona la educación de un menor. Al tratarse de un hecho novedoso y que todavía no se ha implantado, existe el miedo de que se produzca un rechazo por parte de la sociedad, comenzando por el ambiente en las aulas y terminando por las generaciones más veteranas, que siguen manteniendo una visión conservadora del mundo. Pero esto es un pez que se muerde la cola, porque si vivimos con miedo a la reacción de la sociedad nunca introduciremos ningún cambio.

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