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Emilio Mochón Castaños, director de la Escuela de Esgrima de Vicálvaro : "¿A qué niño no le gusta jugar con espadas?"

Entrevista
Deportes
Emilio Mochón, posando con una espada en la escuela de esgrima. / E. Mochón CC-BY
Emilio Mochón Castaños (Madrid, 1981) empezó a practicar esgrima a los 23 años, después de que una lesión grave le impidiera continuar con el otro deporte que llevaba practicando toda la vida: el atletismo. A día de hoy, y desde hace un año y medio, dirige, mano a mano con el olímpico Fernando Medina, la Escuela de Esgrima de Vicálvaro. Solo en los primeros seis meses, consiguieron llenar más del 90 por ciento de sus plazas, y más de la mitad volvieron a apuntarse el año siguiente. “El arte de tocar sin ser tocado”, reza su lema.

¿Por qué la esgrima es un arte?

Se lleva realizando desde los albores de la historia. El ser humano, desde que es ser humano, ha realizado guerras y ha necesitado técnicas para llevarlas a cabo. Es un arte porque tiene miles de años de experiencia y siempre se ha hecho de una forma artesanal. De hecho, en la actualidad, en la esgrima deportiva las armas no se producen en serie, sino que son tradicionales. Nosotros usamos la palabra arte porque tiene toda una casuística por detrás: es necesario dominar completamente todos los movimientos para vencer al rival.
 
Según el espadista José Luis Abajo, “Pirri”, a la esgrima se puede llegar de tres maneras: por tradición familiar, por la proximidad de una sala de esgrima o porque seas un poco friki de las espadas, ¿alguna fue la suya? 
 
Creo que sería la tercera opción. Volverme un friki pero porque yo lo busqué, quería practicarlo. Al final, cuando somos pequeños, es una cosa que queremos probar todos; ¿a qué niño no le gusta jugar con espadas? Mi caso es curioso. Antes de hacer esgrima practicaba atletismo a nivel competitivo y después de una grave lesión lo tuve que abandonar. Fue a través de la televisión, de los juegos olímpicos, como encontré la esgrima.
 
¿Qué les hace traer la esgrima a Vicálvaro?
 
Dos razones. Por un lado, es uno de los pocos distritos de Madrid, con población creciente, que tenía esgrima como deporte en un colegio y no tenía una sala donde practicarlo. Es un barrio nuevo con mucho interés por aprender. La segunda razón es porque lo pidieron los propios vecinos. Se aprobó en los presupuestos participativos de 2017, que fueron demandados por los vicalvareños. De esta forma, nace el Club Esgrima Vicálvaro, cuyas instalaciones se construyeron en el centro polideportivo municipal Faustina Valladolid. El Ayuntamiento nos ayudó indirectamente, montando la sala de esgrima. Ha aportado todo lo necesario para habilitar un sitio con los debidos recursos.
 
Jóvenes alumnos del Club Esgrima Vicálvaro realizando ejercicios con espadas adaptadas a su edad. 
 
¿Se practica alguna modalidad específica?
 
En Vicálvaro se trabaja la espada. En la esgrima deportiva hay tres armas: espada, sable y florete. Se trata de un arma de estocada. Es decir, solo se puede tocar con la punta, pero todo el cuerpo del contrario, desde la cabeza hasta los pies. Era el arma que se utilizaba en los duelos, la denominada “espada ropera”. De hecho, la esgrima es de origen español: la técnica del duelo moderno la inventamos nosotros. Este arma, en su origen, no tenía la hoja afilada, pero sí la punta. De tal forma que se utilizaba para hacer tajos al contrario cuando el duelo era "a primera sangre” y atravesar los órganos vitales si el duelo era "a muerte".
 
¿Se puede vivir como profesional de la esgrima?
 
Ser profesional de este deporte es complicado. En el equipo nacional hay cuatro personas. Por eso, para estar en la selección hay que mantenerse en el nivel y ser muy bueno. Existen también algunos equipos en España que te permiten vivir de ello, pero hay muy pocos. Son los que tienen más becas, más resultados, y no solo viven de ello, sino también para ello. Con trabajo y constancia, al margen del talento, se puede llegar muy alto. Además, partimos de la base de que la esgrima es un deporte individual. Es verdad que el árbitro influye mucho, pero en las prácticas de equipo hay competencia incluso dentro de la propia plantilla y se depende mucho del entrenador. En los individuales, compites contra tu rival o contra ti mismo. En ese aspecto, son inclusivos.
 
Ha habido muchos atletas que han llegado a lo más alto, ¿tiene alguno predilecto?
 
Podría elegir entre muchísimos referentes a lo largo de la historia; hay que tener en cuenta que la esgrima es uno de los pocos deportes que ha estado en el programa olímpico desde 1896. Sin embargo, yo tengo dos favoritos, que son ineludibles para todos los esgrimistas. Uno es el maestro italiano Mangiarotti, que en su época de competidor, en los años cuarenta, lo ganaba todo. Me gusta porque no era un portento físico, sino una persona muy trabajadora. Mi otro referente es el espadista Pavel Kolobkov, uno de los mejores que ha dado la historia. Su currículum es tan largo como mi brazo; era un artista. Hacía movimientos inusuales, que la gente no entendía: era un avanzado a su época. De todos modos, los referentes en esgrima son cuantiosos. También en España. 
 
Como Fernando Medina.
 
Fernando Medina es uno de los españoles más laureados de la historia. Ha estado en varias olimpiadas y fue número uno en el ranking mundial. Solo tres españoles han logrado tal gesta. Es un gran lujo tenerlo como presidente del club. También fue quien nombró el equipo directivo y se encargó de poner en marcha la escuela de Vicálvaro.
 
¿Qué hace falta para ser un Fernando Medina?
 
Disciplina, modestia y tesón. Nosotros tenemos un montón de alumnos talentosos, que si continúan trabajando y disfrutando de la esgrima, pueden llegar a ser como Fernando Medina o mejor aún. En la esgrima, al igual que en la vida, no hay que ponerse un techo.
 
En el siguiente vídeo, el enfrentamiento entre Fernando Medina y el italiano Raffaello Caserta en las semifinales del campeonato del mundo de 1998. El tirador español perdería el combate, pero terminaría logrando un bronce en la competición. 
 

Semifinal del Campeonato Mundial de Esgrima de 1998, celebrado en La Chaux-de-Fonds (Suiza).


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