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Arte Muhé: arte en femenino

Crónica
Sociedad
La batucada del grupo Arte Muhé en su actuación en Vicálvaro
La batucada del grupo Arte Muhé en su actuación en Vicálvaro
Un colectivo de artistas da un espectáculo en el auditorio El Madroño de Vicálvaro

El 16 de marzo Vicálvaro fue testigo. Todos los ojos que miraban el escenario del auditorio El Madroño estaban llenos de suerte. El público se fue diferente: con más oxígeno. Mientras, otros salieron antes: al principio, hacia la mitad, cuando todos los demás se levantaron... El espectáculo no era lo que ellos esperaban: era feminista. El problema y respuesta de aquellas reacciones: Arte Muhé estaba en el escenario.

Arte Muhé “es un proyecto de arte de diferentes disciplinas hecho por mujeres, no solo para mujeres”, como indican en su página de Facebook. Con ello pretenden, aparte de mostrar sus habilidades y trabajos, dar visibilidad a la figura femenina en el mundo del arte, un lugar ocupado mayoritariamente por hombres en su representación histórica. Piénsese, por ejemplo, en los libros de texto de lengua castellana y literatura de primaria (si alguien se acuerda de algún nombre femenino más que de Rosalía de Castro es pura casualidad).

Con esta consigna, más de 20 mujeres (entre las que se encuentran artistas como María Rozalén o La Otra) se reúnen, cuando su vida se lo permite, en diferentes lugares de la geografía española para presentar un espectáculo muy variado: poesía, música, teatro, pintura… En esta ocasión, 14, de las de alrededor de 23 mujeres que conforman el colectivo, se subieron al escenario de Vicálvaro para presentar sus obras.

Después de una fuerte introducción de la mano de las percusionistas de Mujeres de Tabarilea y un poema de Noelia Morgana, la cantautora, María Ruiz (que tiene disco en spotify desde el noviembre pasado), abrió el espectáculo, junto a María Rozalén y la poetisa Cristina Indira, que fue la que siguió a continuación.

Recital en el grupo Arte Muhé en su actuación en Vicálvaro

Recital en el grupo Arte Muhé en su actuación en Vicálvaro

Mientras Alicia Ramos proseguía la función a través de humor y guitarra, en lo que parecía ser un monólogo con música, uno se sorprendía al darse cuenta de que había otra figura más en el escenario: era Irene Ocaña, que llevaba desde el principio pintando un cuadro que ya comenzaba a tener forma.

Después, era el turno de Noelia Morgana. Si a alguien le quedaban dudas de que se trataba de un espectáculo feminista, la poetisa las quitó todas. A pesar de que al finalizar el evento afirmara haber autocensurado parte de su contenido, Noelia es una mujer sin pelos en la lengua, llena de fuerza, directa y clara. La puerta del auditorio no dejaba de abrirse  y cerrarse: cuando unos salían, otros que se habían quedado fuera pasaban.

Morgana, “una mujer como las de ahora”, dio paso a la cantautora probablemente más conocida de Arte Muhé, María Rozalén, que cantó un par de canciones y apeló a la urgente necesidad de saber, de una vez, lo que es el feminismo: “Ya es hora”. En la entonación de su famosa canción, Girasoles, estuvo acompañada por María Ruiz, de nuevo, y del increíble beatbox de Jhana Beat, que después se quedó sola en el escenario.

Jhana resultó ser, también, una cantante de voz sorprendente, por llamarlo de alguna forma. Acompañada de los propios sonidos que producía su garganta y de su guitarra eléctrica, la artista entonó Fire God en un enérgico inglés que llenó la sala de ritmo y una letra que calificaba al ser humano como “el dios del fuego”. No contenta con ello, apeló al público a levantarse de su silla e inició una segunda canción tan solo a base de beatbox. Aquello parecía una discoteca en la que unos bailaban, otros (definitivamente) se iban y otros permanecían sentados. Cuando la canción finalizó, incluso se pudo escuchar a un señor pidiendo a otra que se sentara. Eso es lo que se llama un público dividido. Irene seguía pintando.

El espectáculo tocaba ya a su fin, y aquellas que le dieron comienzo también le pusieron la guinda. Las percusionistas de Tabarilea (Paloma Campoamor, Gracia Texidor, Lucía Villatoro, Jara Gutiérrez, Claudia Morera, Esperanza Martín y Bea López) volvieron a salir al escenario, llenas de pinturas tribales y al compás de un movido ritmo africano, en el que cantaban “por sus hermanas africanas”. La gente ya no se sentaba. Irene había terminado su dibujo: un cuadro con un triángulo en su centro lleno de siluetas de mujer. Y todo el elenco salió con sus compañeras, mientras bailaban y reían.

Música en directo del grupo Arte Muhé en su actuación en Vicálvaro

Música en directo del grupo Arte Muhé en su actuación en Vicálvaro

Algo muy emocionante ocurrió cuando, al despedirse, ninguna de las mujeres se fue. Jhana comenzó a hacer de nuevo beatbox y las percusionistas volvieron a tocar, en lo que pareció un número improvisado.

El público que quedaba, que era mucho, aplaudía eufórico. Pero aún les quedaba más: fuera del auditorio las artistas vendían sus discos, libros y también el cuadro recién pintado. Enseguida se encontraron rodeadas de gente dispuesta a adquirir su arte. Si esto pasó en una hora y media sin todas las participantes, imaginad lo que puede pasar cuando todas se reúnen. Y es que arte también se conjuga en femenino.

 

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