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Second Life y el paso a una realidad de distópica a utópica

Reportaje
Cooperación en el Mundo
Skin de Second Life, un entorno virtual
El dilema, para muchos residentes de este metaverso, está en conocer nueva gente y/o instaurar vidas paralelas que no son consecuentes con su realidad.

El mundo digital ha terminado por parir a nuevos seres, que crecen al ritmo y desarrollo de las nuevas plataformas web y sus ofertas. Los encuentros virtuales son más frecuentes y la interacción cara a cara se redujo a diálogos entre pantallas y nuevos códigos de comunicación.

Diana Camino trabaja como bibliotecaria en un colegio de Quito y creó en Second Life (SL) un usuario por primera vez hace dos años. Desde aquella ocasión, no ha dejado de despertar a su avatar al menos un día a la semana para conocer a nueva gente.

Second Life, en español “segunda vida”, es un metaverso (espacio virtual 3D colectivo) lanzado en 2003, al que se ingresa gratuitamente desde Internet. Sus usuarios, conocidos como residentes, pueden interactuar entre ellos mediante un personaje personalizado.

Acciones como establecer relaciones sociales, viajar, participar en diálogos y ofrecer servicios son un parte de la cotidianeidad en este entorno que configura nuevas conductas y leyes territoriales más próximas y propias.       

“Es una herramienta que permite el aprendizaje de manera sincrónica. Sin embargo, podría convertirse en un separador de las relaciones sociales interpersonales cuando se vuelve adictivo”, considera Diana.

Ella tiene dos hijos y cree que el mayor riesgo lo pueden enfrentar precisamente los jóvenes y adolescentes que se aficionan demasiado con la usabilidad de la herramienta. Y todo porque “no nos enseñan a expresar los sentimientos de manera libre. A el/la que está en la pantalla le digo cosas bonitas, pero de frente nos reprimimos”.

Según datos de Wikipedia, en marzo de 2008, Second Life contaba con aproximadamente 13 millones de cuentas. En enero de 2010 ya tenía registrados más de 18 millones. Pese a ello, no existen estadísticas fiables en relación al uso consistente de estas cuentas.

Los críticos de la plataforma aseguran que es por los altas exigencias tanto de hardware como software. También porque muchas personas crean múltiples cuentas con el fin de desenvolverse con distintos roles.

Second Life tiene otro ciclo de vida

La existencia y vida de los residentes se prolonga más de lo debido por algo sencillo: Second Life no tiene perdedores ni ganadores. Al contrario, cada vez se crean más mundos que concitan en interés de los avatares. Ese es el criterio de Ramiro Ruales, docente y director de la escuela de Comunicación Social de la Universidad Nacional de Chimborazo.

The Sims es un juego que, al igual que SL, permite la interacción de un avatar. Pero en contraste, el personaje puede morir si no es bien cuidado, con lo cual termina una vida virtual. SL no fija esos límites ni plantea objetivos finales y su universo a explorar es extenso.

Mi avatar y yo, ¿somos iguales?

La apariencia de un avatar en Second Life no determina la apariencia real del usuario que lo maneja. La identidad es más anónima que en otros mundos virtuales o redes sociales. ¿Puede entonces ser un espacio oportuno para convertir a sujetos subordinados en sujetos más estables emocionalmente? ¿O, al contrario, los termina deformando?

Es fácil –y se ha vuelto divertido– darles vida a personajes que no son semejantes a nosotros. Pero cuando el ímpetu por el no ser pierde la noción de la realidad hay un riesgo enorme, como en todo videojuego. Aunque las secuelas por el uso de Second Life pueden trascender más.

Mi avatar es feliz mientras yo estoy triste. Mi avatar es una mujer pero yo soy un hombre. Mi avatar es un niño pero yo soy un sicópata. Mi avatar es una modelo pero yo soy un drogadicto... ¿Mi avatar soy realmente yo?  ¿O cómo se justifican estos comportamientos? 

Second Life y el contrato social

Mauricio Villota, un profesional del norte del país que ha ‘vivido’ varios días en Second Life, no cuestiona a la herramienta, sino más bien está convenido de que es favorable para usos académicos o de trabajo.   

“Si no puedo reunirme con amigos o compañeros de trabajo, nos vemos en Second Life y rompemos los esquemas. No es lo mismo que hacerlo en Skype o un grupo de chat”, defiende.

Otros argumentos que relievan su apreciación apuntan a que Second Life es un ambiente único para los contratos sociales. Los políticos arman sus mítines, los religiosos invitan a sus creyentes, los maestros a sus alumnos (...).  

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