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La tragedia golpea más fuerte a los más desfavorecidos.

Crónica
Culturas
miembro del colectivo de graffiti senegalés RBS CREW pinta murales informativos. SYLVAIN CHERKAOUI
Los países ya afectados por la sequía, el hambre y diferentes enfermedades,condicionadas por la pobreza y la falta de higiene, sumado a la escasez de recursos médicos y la falta de ayuda humanitaria por el cierre de fronteras, potencian el problema del COVID-19 en los lugares mas desfavorecidos.

 

 

 

 

Atrás parece que dejamos la teoría de que el calor es contraproducente para el desarrollo del virus, que ha llegado a tener encerrados en casas a más de mil millones de personas alrededor del mundo. Lejos queda también, la mirada desde la lejanía del mundo a aquella pequeña ciudad de Wuhan, en China, donde se gestaba una enfermedad que afectaría más personas de las que nadie podía imaginar, dejando una situación de pandemia global con una crisis humanitaria, social y económica que parece no llegar a su fin.

Poco hemos escuchado en los medios de comunicación, la influencia de este virus en los lugares más desfavorecidos económicamente, Níger, el país de África occidental más pobre del mundo, sufrió el pasado viernes 27 de marzo sus primeros contagios por COVID-19, acto seguido las autoridades gubernamentales decretaron un toque de queda y el cierre de escuelas, seguido de una inhabilitación de iglesias y mezquitas.

En la entrevista concedida por el misionero Mauro Armani, confiesa que el sistema sanitario es muy frágil, en caso de no tener dinero para poder pagar el material médico empleado para curarte, te dejan morir en la puerta del hospital, un país como otros tantos, cuyos líderes políticos se centran en el beneficio propio antes que en el bien del pueblo.

También nos deja unas duras declaraciones en las que dice que, “El sistema de salud ya es muy débil. Existen algunos hospitales gubernamentales, varias clínicas privadas y un hospital de referencia ofrecido por China, pero sólo puede utilizarse en casos especiales. Sin embargo, todas las instalaciones juntas son inadecuadas porque Níger ya está sufriendo enfermedades que están destruyendo a la población. La primera enfermedad, si se puede llamar así, es el hambre. Luego está el paludismo, que también afecta de manera significativa a los jóvenes, sin olvidar las enfermedades relacionadas con la falta de agua y la falta de servicios higiénicos. Vivimos siempre en un contexto de precariedad.”

 

 

Me parece importante destacar la frase, escrita por Jose Antonio Alonso y Jaime Atienza Azcona el 6 de abril, en su artículo publicado en el diario El País.  “Es imprescindible fortalecer la capacidad de respuesta de los sistemas sanitarios más frágiles si se quiere alejar el riesgo de nuevos episodios de contagio.”

El efecto de esta crisis puede ser muy acuciada en estos países en vías de desarrollo, debido a sus escasas capacidades de prevención de contagio y sus limitadas vías médicas, todo esto potenciado en sus grandes ciudades con el groso de la población viviendo hacinados y con escasas opciones de disponer de agua limpia o potable.

 

 

Esta situación es aun mas extrema, en el caso de la población que vive en campos de refugiados, donde el acceso a agua limpia y alimentos es prácticamente imposible y donde las opciones de higiene son igual de comunes que lo anterior.

Un impacto muy importante en sus sociedades, sería el desbordamiento de su sistema sanitario, si en países de Europa con un sistema sanitario del más alto nivel, hemos llegado al desborde en unos pocos días, de qué magnitud puede ser el impacto que sufran los más desfavorecidos, en España el ratio de médicos es de 4,1 por cada 1000 habitantes, el ratio de médicos en Burundi, Etiopia o Camerún es de 0.1 por 1000 habitantes. En España disponemos de 3 camas en hospitales por cada 1000 habitantes, en Alemania disponen de 8 camas hospitalarias por 1000 habitantes, en Mali el ratio es de 0.1 y en Burkina Faso de 0.4. Como bien dijo Emily Maitlis, periodista presentadora del progama Newsnight de la BBC. “El coronavirus es mucho más peligroso si eres pobre”.

“Había como 200 muertos en el contenedor y mi papá no estaba ahí, pisé cuerpos y sangre”, estas palabras son autoría de Guillermo Enríquez, quien perdió a su padre el martes 31 de mayo en Guayaquil, Ecuador. Pero también perdió su cuerpo a las afueras del hospital de Ceibos. “Abrí varias fundas con nombres de hombres en los que había cuerpos de mujeres”. Esta es tan solo uno de los tantos testimonios que podemos encontrarnos en estos países en vías de desarrollo.

 

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