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God save the UK: Situación, causas y consecuencias del Brexit

Editorial
Europa
Tras más de 3 años de intentos fallidos, el 31 de enero de 2020 se hizo oficial la salida de Reino Unido de la Unión Europea. Desde entonces, se abrió un periodo de transición -e incertidumbre- que durará 11 meses.

El 23 de junio de 2016, tuvo lugar el referendo prometido por David Cameron durante campaña. Los británicos que votaron a favor del Brexit ganaron por escasa mayoría (un 51,8%), causando un gran impacto, ya que los europeos pensábamos que el desenlace sería otro. David Cameron, abrumado por los resultados y por la opinión pública, se vio obligado a dimitir en apenas 24 horas. 

 

Su predecesora, Theresa May, tuvo que lidiar con la gestión de la situación política en la que había desembocado este resultado. Tres años difíciles para May en los que no consiguió el acuerdo que tanto deseaba. Ni con Bruselas, ni con los laboristas, ni con sus propios compañeros. Finalmente, una Theresa May agotada dimitió el 24 de mayo de 2019. 

 

Boris Johnson no solo ganó las elecciones el 12 de diciembre de 2019, sino que también se ganó al pueblo británico con su carisma. Por eso, no es de extrañar que desde 1987, con Margaret Thatcher, no se obtuviese unos resultados así. A la mañana siguiente de la victoria Johnson declaraba: “Vamos a culminar el Brexit”.

 

 

No podemos olvidar que Reino Unido nunca se sintió realmente cómodo dentro de Europa y es cierto que en los últimos años ese sentimiento se ha visto acrecentado. Los británicos nunca quisieron desprenderse de su propia identidad y las diferencias con Europa siempre fueron notables en lo referente a políticas comunes y sociales.  

 

La desconfianza británica con respecto a Europa pudo originarse en 1992, cuando Alemania unificó su sistema monetario donde convivían el Deutsch Mark (occidental) con el Ostmark (oriental) con una paridad 1:1, cuando en realidad el mercado valoraba al menos 5 veces por encima al primero. En consecuencia del aumento de la inflación alemana, la economía británica se vio perjudicada y vio cómo se produjo una depreciación de la libra, situándose por debajo de los niveles marcados por el Sistema Monetario Europeo. El 16 de septiembre, Reino Unido abandonó el SME. 

 

El futuro de Reino Unido como exmiembro de la UE continúa siendo incierto. De momento, todo sigue como hasta ahora. Durante las negociaciones, Reino Unido intentará mantener el acuerdo sobre el comercio de los bienes manufacturados y la agricultura. Estos 11 meses de transición serán decisivos para establecer las relaciones entre Reino Unido y Europa. 

Lo acontecido en los últimos años nos lleva a cuestionarnos cuáles son las razones para que uno de los grandes pilares europeos lleve a cabo un movimiento separatista. En un contexto en el que parecía que las corrientes nacionalistas del siglo XIX quedaron superadas, ha surgido en las grandes capitales europeas un sentimiento proteccionista que impulsa a la individualidad por delante de la cooperación ciudadana internacional.  

 

Dani Rodrik, profesor de Harvard, decía que era imposible conseguir simultáneamente soberanía nacional, democracia y globalización, ya que cada país optará por dos de estos tres elementos. Según Rodrik, Reino Unido parece que ha optado por la soberanía nacional y la democracia.

 

Asimismo, el aumento considerable de la inmigración que ha experimentado Reino Unido ha propiciado que se formen determinados estereotipos culturales, los cuales a su vez han servido para respaldar discursos separatistas. Dichos discursos están enfocados a fomentar un mensaje de odio, sembrando el miedo y dando una percepción equívoca de la invasión cultural que ha vivido el país en los últimos años. Estas ideas encuentran su lugar en la sociedad debido a un mecanismo de desinformación por parte del estado y los medios de comunicación y a la falta de costumbre de los ciudadanos de contrastarlas. 

 

Se observa por tanto una Europa que parece alejarse de su propósito inicial de aunar Estados y que se muestra cada vez más dividida. Esto se debe en parte a que los partidos europeístas no están sabiendo hacer frente de manera contundente a las nuevas corrientes políticas radicales presentes ya en gran parte de los parlamentos. Parece que Europa, en contra de los valores que la sustentan, se inclina por levantar fronteras.

 
 
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