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El Remdesivir y la pista de otros medicamentos contra el COVID-19.

Reportaje
Pandemia Internacional
Fuente: OMS
En diciembre del 2019 surge el COVID-19, declarado como pandemia en marzo de 2020 por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Se trata de un virus que ha infectado a millones de humanos, dejando más de 1.4 millones de muertes en todo el mundo. La pandemia ha revolucionado el mundo biomédico, invirtiendo una gran cantidad de recursos científicos y desarrollando vacunas y tratamientos, acelerándose por la tecnología genética y computacional. Después de un año conviviendo con este virus, vamos a ver los aspectos más importantes de este.

 

 

Hasta la fecha se han identificado en total siete cepas de CoV humano, cuatro que inducen una enfermedad respiratoria leve del sistema respiratorio superior en bebés, personas mayores e inmunodeprimidos. Las otras tres cepas son altamente virulentas y causan el síndrome de dificultad respiratoria aguda (SDRA), que puede resultar en insuficiencia pulmonar y muerte. La cepa de virus que está presente en la actualidad es el SARS-CoV-2. De estas tres últimas cepas, la primera que se dio fue SARS-COV en 2002 en China que se extendió a aproximadamente 28 países, infectó a casi 8000 personas y causó 774 muertes. En 2012, se dio el MERS-CoV en Medio Oriente que afectó a casi 2500 personas. El SARS-CoV-2 se detectó por primera vez a finales de noviembre de 2019 cerca del mercado de mariscos frescos de Wuhan, China. Primero se le nombró como 2019-nCOV, pensando que era un nuevo coronavirus pero el 11 de febrero de 2020 se le renombró como SARS-CoV-2 y a la enfermedad que causa como COVID-19

 

Todos los CoV humanos tienen un origen zoonótico. Se cree que el SARS-CoV-2 se originó en murciélagos y pasó a los humanos directamente o por intermediarios desconocidos infectados en el mercado, que podrían ser, según análisis de las proteínas del virus, pangolines, tortugas y serpientes, luego se propagó rápidamente por todo el mundo a través del contacto de persona a persona.

El COVID-19 se propaga principalmente a través de gotitas respiratorias, secreciones y contacto directo con el sistema respiratorio superior. El periodo de incubación es de 1 a 14 días y durante el período de latencia el virus se vuelve más contagioso. Los síntomas son dolor de garganta, fiebre, tos, fatiga y falta de aire. En algunos casos se pueden desarrollar problemas gastrointestinales y, en los casos graves, desarrollan SDRA. 1 de cada 5 personas infectadas es asintomática, aunque también pueden transmitir el virus como personas sintomáticas a una tasa menor. La mayoría de las personas tienen buen pronóstico, pero personas mayores o con enfermedades crónicas se ven afectados negativamente por la enfermedad, desarrollando diabetes, hipertensión, asma, bronquitis y problemas cardiovasculares) y personas mayores son propensas a desarrollar SDRA y muerte. En casos más extremos, las personas pueden desarrollar síntomas de problemas neurológicos como confusión, desorientación, agitación o psicosis en los casos más extremos.

Infografía 1. Imagen que nos informa sobre cómo se contagia el virus, los síntomas más comunes y cómo se puede prevenir. 

Varios informes han indicado el desarrollo de resistencia a las terapias antivirales, debido a la rápida tasa de mutación que conduce a la aparición de resistencia en la cepa viral. En tales casos, una combinación de estos fármacos puede retrasar la progresión de la enfermedad y aumentar la tasa de supervivencia de los pacientes.

Destaca como más prometedor el fármaco Remdesivir, al igual que el Favipiravir, primer medicamento anti-COVID aprobado. Se ha hablado también de la HIDROXICLOROQUINA, que inhibe la replicación de CoV y provocan una rápida disminución de la carga viral del SARS-CoV-2. Los datos preclínicos y clínicos emergentes indican que ni la cloroquina ni la hidroxicloroquina proporcionan un beneficio clínico contra COVID-19 y sus riesgos pueden superar sus posibles beneficios.

Infografía 2. Nos informa sobre el fármaco remdesivir, entre otros.

 

Infografía 3. Imagen que nos muestra los distintos efectos adversos de los medicamentos, cuándo aparecen y cómo reaccionar.

Los cambios en la secuencia aminoacídica por mutación que dan lugar a las proteínas estructurales E (proteína de la envoltura) y M (proteína de membrana), encargadas de la entrada del virus en las células e  infección, pueden originar una nueva cepa más virulenta. 

La mutación D614G en la proteína S del virus, que forma las glucoproteínas que dan apariencia de corona, es la más destacada a nivel mundial que ha dado lugar a variantes como la brasileña o la británica. Esta mutación no se asocia con una mayor mortalidad o gravedad clínica, pero se transmite más fácilmente y presenta una mayor carga viral, mejorando la replicación del virus. Actualmente el SARS-CoV-2 tiene una tasa de mutación baja, pero a medida que avanza la pandemia pueden adquirir ventajas frente al sistema inmune y los fármacos. 

Infografía. Estructura de las partes y proteínas del Sars-Cov-2. Ilustración adaptada de Centers for Disease Control and Prevention, USA, en: https://revistamedica.com/nuevo-virus-sars-cov-2/coronavirus-estructura-...

Existen varias proteínas con funciones diversas entre las que destacan la rotura de la membrana de la célula huésped, facilitando de esta forma la entrada del material genético del virus a la misma y su reproducción. El organismo infectado reacciona activando el sistema inmunológico, produciendo respuestas inflamatorias agresivas. La respuesta inmune sobreactivada del huésped hace que ataque sus propias células en lugar de las virales,  conduciendo al síndrome de dificultad respiratoria aguda (SDRA). Otras proteínas del virus se encargan de proteger ese material genético de esta respuesta inmunológica.

Mishra, S. K., & Tripathi, T. (2020). One year update on the COVID-19 pandemic: Where are we now?. Acta tropica, 105778.

 

 

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