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El acuerdo del siglo no consigue conquistar la tierra palestina

Reportaje
Rebeliones árabes
Ciudadano palestino en una protesta
Donald Trump, presentó el pasado 28 de enero junto al presidente de Israel, Benjamín Netanyahu, el llamado Acuerdo del Siglo para resolver el conflicto palestino-israelí. Este acuerdo de paz comenzó a desarrollarse en 2017, pocos meses después de la llegada de Trump a la Casa Blanca.

 

El plan que consta de 80 páginaspropone la paralización durante cuatro años de nuevos asentamientos y descarta el desmantelamiento de los existentes, declarados ilegales por las Naciones Unidas. Propone dos estados uno israelí y otro palestino, y pide a las autoridades palestinas el reconocimiento de Jerusalén como capital única de Israel, de un nuevo estado judío. Finalmente, se incluye una oferta de 50.000 millones de dólares de inversores internacionales durante los próximos 10 años, que garantizarían la prosperidad en Palestina y en los países árabes próximos.

 

 

 

 

Este acuerdo concede a Israel gran parte de sus peticiones históricas, mientras que somete a Palestina a tantos condicionantes que parece inviable que llegue a alcanzar el Estado propio. Esto hecho dificulta el visto bueno por parte del presidente palestino, Mahmud Abbas.

Antecedentes del conflicto

Acabada la II Guerra Mundial, la situación Palestina era insostenible. Por un lado, los británicos estaban enfrentados a árabes y judíos y estos a su vez entre ellos. Entonces se decidió la partición de Palestina, aprobada por la ONU en 1947, y se crearon dos Estados, uno judío y otro palestino. El problema fue que no se tuvieron en cuenta las fronteras y el reparto fue en gran medida desigual. 

Ya en 1967 tuvo lugar la guerra de los seis días, como consecuencia Palestina vio de nuevo como Israel ampliaba su territorio. En el año 2000 Bill Clinton volvió a impulsar nuevas negociaciones, pero dos años más tarde los judíos empezaron a levantar un muro de seguridad. Este acto significó la violación de las fronteras establecidas en 1967. 

El plan de paz propuesto por Donald Trump consolida las reivindicaciones territoriales israelíes, pero limita la nación palestina a los núcleos urbanos actuales y les ofrece una nueva superficie pero en una zona desértica.

Territorio de Palestina

Evolución del territorio palestino

Los palestinos siempre han reclamado regresar a las fronteras de 1967, esto implicaría establecer la capital de su futuro Estado en Jerusalén Este, donde se incluye el recinto amurallado de la Ciudad Vieja con los lugares sagrados del cristianismo, el judaísmo y el islam. Hasta el acuerdo definitivo entre israelíes y palestinos, el establecer la capital en la Ciudad Santa, ha sido una decisión que los mediadores han intentado postergar en todos los planes de paz anteriores, pero que Trump puso fin con una declaración en la que reconoció a Jerusalén como capital de Israel. Desde entonces todos los puentes entre la Casa Blanca y la autoridad palestina están rotos. 

Este nuevo plan de paz ha nacido ya sin futuro, fue rechazado por los palestinos en las primeras 24 horas con protestas populares que se tornaron a la siguiente semana en violentas. Estas revueltas más acusadas en zonas como Hebrón, donde los asentamientos de colonos judíos dividen y rodean la mayor parte de la ciudad de Cisjordania, el ejército reforzó su presencia en esta zona en previsión de un estallido palestino a gran escala. 

Desde la franja de Gaza y sin atribuirse ninguna de las acciones sucedidas en la parte occidental de Jerusalén, el movimiento islamista Hamás calificó uno de los atentados como “una operación de la resistencia a la ocupación y una respuesta al plan de destrucción de Trump”. 

Europa rechaza el plan de paz de Trump

La comunidad internacional también se desmarca del plan de paz de Trump para Oriente Próximo, asegurando que este plan no encaja con los parámetros aceptados internacionalmente para poner fin al conflicto entre Israel y Palestina, además la UE expresó su preocupación por las intenciones de Israel de proseguir con las anexiones de territorio en el valle del Jordán y los asentamientos de Cisjordania. 

El Gobierno de Israel pretende imponer de cualquier manera el denominado acuerdo del siglo,  pese al rechazo del pueblo palestino y de la comunidad internacional. Todo esto estalló semanas antes de las elecciones parlamentarias de Israel, donde el presidente Netanyahu prometió incrementar los asentamientos ilegales en Palestina, con la construcción de cinco mil nuevas viviendas para judíos, tanto en Jerusalén del este como en Cisjordania, territorios militarmente ocupados. 

Manifestación de palestinos

Manifestación de la ciudadanía palestina

Este plan era en realidad una necesidad encubierta de Trump y Netanyahu y no una oferta real de alcanzar la paz con Palestina. El primero buscaba redimirse tras los fiascos en las negociaciones con Corea del Norte e Irán y lograr un pacto histórico hubiera sido muy beneficioso de cara a su futura reelección en la casa blanca. Por su parte, el líder israelí consiguió un acuerdo a medida que le facilitó la reelección, aunque sin mayoría absoluta. Y para Palestina, era un caramelo envenenado envuelto dentro de la futura promesa de prosperidad, inversión internacional y millones de dólares. Una venta “encubierta” de su estado, imposible de aceptar. 

En definitiva, un conflicto que se extiende por décadas y que la comunidad internacional ha permitido y en el que ha asistido como espectadora. Esta debe actuar en consecuencia y propiciar el diálogo, asumir la responsabilidad para solucionarlo y mediar. Siempre de igual a igual sin dejar que gane sólo una de las partes, haciéndolo de forma sincera. Si no es así permitirá que el conflicto se agudice y acabe por convertirse en permanente. Perpetuando la desigualdad entre Palestina e Israel y condenando a ambos estados a repetir los errores del pasado. 

 

 

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