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De Balmis a Pfizer, la historia de las vacunas

Reportaje
Pandemia Internacional
Las enfermedades han sido un gran muro a derribar a lo largo de la historia. Estas se convirtieron en un talón de Aquiles para los seres humanos y nos han amenazado por su alta mortalidad. Sin embargo, a partir del siglo XVIII, hemos entrado en la carrera por erradicarlas y salvar la vida de millones de personas.

 

 

 

 

La pandemia de la COVID-19 nos ha puesto contra las cuerdas como humanidad y desde el sector científico de cientos de países se ha trabajado por tener una vacuna en tiempo récord. Pero esta pandemia no es la única que nos ha impactado históricamente. Antes de las vacunas, las enfermedades fueron muy temidas debido a la alta mortalidad y los pocos o nulos avances científicos que existían. Uno de los ejemplos más característicos fue la peste negra. Su origen no se descubrió  hasta cinco siglos más tarde y se llevó millones de vidas a nivel mundial. Por su parte, la viruela también azotó la sociedad con su extrema difusión en el continente americano. Sin embargo, en este caso se introdujo el proceso de variolización, comenzando así un largo proceso para erradicar las temidas enfermedades mediante las vacunas. Este proceso consistía en inhalar el polvo con la enfermedad para crear inmunidad por las repetidas exposiciones. Esto provocó un descenso desde uno de cada tres hasta uno de cada cincuenta cuando el proceso fue refinado. 

Edward Jenner dio un paso más a nivel científico gracias a las costras de las vacas que habían contraído la viruela bovina para atenuar la enfermedad, ya que estos animales no desarrollaron la variante humana. Sin embargo, Jenner tuvo mucha oposición que tildaba a las vacunas de brujería. A mediados del siglo XIX, Pasteur retomó las ideas de Jenner aplicándolas en el cólera de las aves. Descubrió que podía cultivar una cepa de la enfermedad en un laboratorio y que de esta forma perdía virulencia para que el sistema inmune de los pollos la combatieran. Además, la exposición a esta cepa atenuada reducía las posibilidades de contagio de una con mayor virulencia, pero era algo temporal.