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Un pin en blanco y negro

Opinión
Sociedad/Culturas
Desde el pasado mes de septiembre, el ya conocido como 'pin parental' fue implantado en la Región de Murcia. Tal y como lo plantea Vox, se trata de una medida que permite elegir a los padres a qué charlas, talleres o actividades van a asistir sus hijos. Esta nueva propuesta del partido de la ultra derecha ha levantado mucho revuelo entre la opinión pública y ha dado lugar a que la Ministra de Educación, Isabel Celaá, haya iniciado este martes un proceso judicial ante el Tribunal Superior de Justicia de Murcia.

 

 

Ningún ser humano es propiedad de nadie, al contrario de lo que argumenta Vox, secundado por el Partido Popular. Los padres tienen una responsabilidad sobre sus hijos y, dentro de esta, tienen la obligación de que sus hijos estudien en una institución educativa. El pin parental atenta contra los derechos de los jóvenes, en la libertad, en la tolerancia y el respeto. 

Vox ha conseguido introducir el pin parental para eliminar cualquier charla o discurso que no coincidan con las convenciones sexuales ultraconservadoras. Lo que en realidad pretenden es una educación en valores a la carta según la ideología de los padres. Se olvidan de que sus hijos son personas en sí mismas y no prolongaciones de ellos. Con esto, les impiden conocer las cuestiones morales o socialmente controvertidas. 

Entonces, ¿dónde está el límite de lo moral y de lo socialmente controvertido? ¿Acaso se debería tener derecho a vetar el conocimiento de la teoría de la evolución de Darwin o el Big Bang? Lo próximo será no permitir a los hijos acudir a clase de Biología porque sus padres son terraplanistas, lo cual no es una idea tan descabellada teniendo en cuenta otros casos similares como los padres antivacunas. En todo caso, la competencia de lo que se puede impartir o no en una clase, es puramente incumbencia de los profesionales de la enseñanza.

El pin parental es una involución con respecto al sistema educativo. Si ya cuesta que los políticos se pongan de acuerdo para hacer un pacto educativo y cada cambio de gobierno se modifica por completo, esta medida hace que cada familia pueda crear un plan de estudios personalizado. Esto que tratan de vendernos como algo que proporciona libertad para decidir sobre el futuro de nuestros hijos no es otra cosa que una medida de censura firmada por el conservadurismo.

Muchos padres alarman a otros sobre lo que se imparte en estas clases de educación sexual compartiendo bulos que nada tienen que ver con la realidad. Como por ejemplo, un vídeo en el que una niña toca la mano de un hombre desnudo en el suelo u otro en el que una supuesta profesora mostraba posturas sexuales a sus alumnos. Ambos casos fueron relacionados con las clases a las que ataca el pin parental. Sin embargo, el primero se trataba de una representación en un museo de Brasil y el otro fue una charla impartida en una universidad de Canadá para mayores de edad. No hay que dejarse llevar por el miedo y la desinformación que tratan de difundir los partidarios de encerrar a los hijos en una burbuja en blanco y negro.

Es vital que los niños y niñas que crecen en un ambiente tradicional se eduquen en la diversidad, respeto e igualdad. De lo contrario, tendremos una generación de personas intolerantes, frustradas y retrógradas, lo que supone un retroceso en la sociedad como consecuencia al pin “neandertal”.

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