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Siria.Un viaje con un solo destino

Reportaje
Sociedad
Refugiados
Padre recoge a su hija herida debido al conflicto en Siria.
Hiba Al Nabolsi es una de las muchas niñas sirias que ha tenido que dejar atrás su infancia y su tierra natal para conseguir una vida de nuevas oportunidades en un lugar llamado Europa. Sin embargo, no ha sido su decisión. El conflicto armado que sufre actualmente su país es el que la ha obligado a marcharse, y ella no puede hacer nada para cambiarlo.

9 AÑOS DE CONFLICTO

La guerra en Siria, que comenzó en forma de protestas civiles, no tardó en tomar un matiz violento. Manifestaciones pacíficas que pedían reformas políticas, entre ellas la dimisión del presidente, y el fin de la brutalidad policial, fueron fuertemente reprimidas.

Rápidamente se formó el Ejército Sirio Libre (ESL), compuesto por grupos opositores armados a los que se unieron algunos desertores del ejército tras ver las atrocidades llevadas a cabo por Bashar Al-Ásad. Frente a esta oposición, las fuerzas sirias no dudaron en responder con bombardeos a zonas civiles.

Conflicto en Siria

El conflicto, que parecía poder resolverse rápidamente, no hizo más que engordar con la intervención de las fuerzas internacionales, en uno y otro bando. Primero los países circundantes. Irán movilizó a las milicias de Pakistán, Afganistán, Irak y a la Guardia Revolucionaria iraní, que dieron su apoyo al régimen cuando parecía que se acercaba a su fin. Mientras, Arabia Saudí y Catar, apoyaron a los rebeldes.

Según avanzaba el conflicto, Al Qaeda y el Estado Islámico se unieron a las fuerzas del régimen, desequilibrando la balanza a favor de Asad. Y finalmente, entraron en juego las grandes potencias militares del mundo. EEUU se posicionó como principal aliado del ESL, y Rusia del régimen de Asad. La intervención Rusa ha sido fundamental para la perpetuación de Asad, que controla el 75% del territorio. Hoy, tras nueve años, todavía no se ve un fin al conflicto sirio.

LA VIDA DE LOS NIÑOS EN SIRIA

Al igual que para Hiba, la guerra ha supuesto una grave violación de los derechos de millones de niños. Según Unicef, desde que comenzó el conflicto en 2011 han muerto 9000 niños, y otros muchos han sufrido heridas graves o mutilaciones. En cuanto a las migraciones, solo en los últimos cuatro meses casi un millón de sirios se han visto obligados a huir del país, de los cuales más de la mitad eran menores de edad.

Para los niños que aún continúan en Siria las condiciones son críticas. Según Médicos Sin Fronteras, todos los menores de 15 años presentan un cuadro clínico de ansiedad alto, ya sea por la pérdida de alguien cercano o por las condiciones en las que habitan. Hiba, a sus diez años, ha tenido que ver a sus amigos y vecinos morir en bombardeos. Incluso perdió a su hermano mayor, asesinado durante la huida de la familia, aun dentro del país.

Las ciudades sirias han quedado devastadas, servicios básicos esenciales como la atención médica no llegan a la población. Enfermedades como la diarrea, que podrían ser evitables, resultan mortales para los niños. El agua potable y la comida escasean, lo que hace a los niños población altamente vulnerable ante enfermedades que, en principio, no deberían afectarles de manera grave.

Niños sirios afectados

Tampoco pueden asistir a la escuela, la mitad de los centros educativos del país han sido destruidos por las bombas. Alrededor de dos millones de niños sirios no tiene acceso a la educación, y aquellos que la tienen, cuentan con pocos medios. Actualmente, el Covid-19 ha cerrado las pocas aulas que permanecían abiertas.

Además de esto, se producen muchas otras violaciones a los derechos de los niños. Siete millones de niños sirios viven en la pobreza, lo que acucia problemas como el trabajo o el matrimonio infantiles, que han aumentado drásticamente en el país.

Según datos de la ONU, durante el conflicto han nacido casi 5 millones de niños en Siria, y un millón más ha nacido como refugiados. Niños que no conocen una vida sin guerra.

EL VIAJE Y LA VIDA EN LOS CAMPOS DE REFUGIADOS

Ahora, Hiba vive con su familia en un centro de tránsito indicado para los refugiados y personas migrantes en Macedonia. Sin embargo, el viaje no ha sido fácil, ha habido muchos obstáculos. Para la familia de hiba ha sido un viaje largo, sin dinero y sin comida, con 5 niños, entre ellos un bebé, y sin siquiera poder velar la muerte de su hijo mayor.

Familias como la de Hiba hay millones y, más concretamente, 63.311 personas han arriesgado sus vidas intentando llegar a Europa en 2019, según ACNUR. Hay dos posibilidades: tierra o mar. El último sigue cobrando un alto número de víctimas, pero es el más barato. Desde 2017, más de 2.700 personas han muerto cruzando el Mar Mediterráneo. Otros tienen suerte y, tras muchas horas estando a la deriva, consiguen llegar a la costa turca o griega solos o con la ayuda de distintas organizaciones como el Open Arms o Sea Watch.

Gráfico de refugiados según país de origen

Sin embargo, antes de llegar a un lugar seguro tienen que hacer frente a engaños y malos tratos, sobre todo, al intentar cruzar la frontera de Turquía y Grecia donde la policía griega los recibe con gas lacrimógeno entre otros métodos de contención. 

Así mismo, las condiciones en los campos de refugiados son inhumanas, donde las estancias, principalmente temporales, se alargan a la espera de que la solicitud de asilo en cualquier país desarrollado se resuelva. Una espera eterna para aquellos que vienen en busca de una vida mejor. No obstante, intentan hacer vida normal donde los pequeños pueden seguir yendo a las escuelas de campaña organizadas por las ONG. Mientras, los adultos montan mini negocios para salir adelante. Según ACNUR, una persona puede pasar una media de 17 años en un campo de refugiados hasta que pueda regresar a su país u obtener un permiso para establecerse en otro.

La familia de Hiba, después de intentar cruzar varias veces la frontera, consiguió llegar a un centro de tránsito en Gevgelija, Macedonia. Allí permanecen hasta que les den otra alternativa de asentamiento viviendo en un refugio de metal prefabricado. Así mismo, reciben productos básicos como mantas, jabón y agua.

Campo de refugiados

Uno de los mayores problemas en los campos de refugiados es la comida y los servicios sanitarios. No siempre hay suficientes raciones para todos, por lo que deben hacer colas interminables para conseguir unos recursos mínimos. Además, los médicos no dan abasto y las medidas higiénicas son bastante escasas.

A pesar de los traumáticos recuerdos de la guerra y del viaje, Hiba es feliz al saber que su futuro puede ser brillante. Quiere ser profesora de inglés y enseñar porque todos merecen una buena vida. Para ello, las distintas ONG siguen luchando contra la barbarie europea y denuncian la falta de recursos para los refugiados.

 

 

LA ACOGIDA EN ESPAÑA

Para los refugiados que solicitan asilo en España, la llegada al país no supone la entrada al paraíso. En este nuevo hogar deben enfrentarse a nuevos problemas como la discriminación étnica e incluso religiosa que se ha visto acentuada por la llegada de la ultraderecha al panorama político nacional.  Según datos de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), España aceptó en 2019 un 5% de la solicitudes de asilo, muy debajo de la media europea, en torno al 30%. 

Pateras llenas llegando a costas españolas

Los trámites son lentos y laboriosos y los países europeos muestran poca predisposición a abrir sus fronteras. Según el CEAR, en 2019 España recibió 118.264 solicitudes de asilo, más del doble que el año anterior. De ellas solo se han resuelto 62.398, lo que resulta en 133.015 solicitudes acumuladas a lo largo de los últimos años.

Tampoco acaban las complicaciones una vez dentro. El sistema de acogida español no integra a los refugiados; los acompañan durante unos meses y después quedan a su suerte, con problemas económicos, precariedad laboral e inestabilidad en la vivienda. Para solucionar este grave problema se han puesto en marcha iniciativas como Refugees Welcome, en las que gente voluntaria ofrece sus domicilios para convivir con refugiados. Este proyecto, que tiene la intención de resolver el problema de la vivienda, en muchos casos puede resultar contraproducente. Las casa de acogida suelen ser habitaciones compartidas en barrios marginales,  lo que facilita la creación de guetos y dificulta aún más su integración.

El viaje de Hiba no ha terminado, aún debe hacerse un hueco en el continente europeo, donde los problemas económicos están generando un panorama cada vez más hermético y xenófobo. Para niños como Hiba, la guerra no termina al salir de Siria, ni al llegar al país de acogida. Tendrán que recorrer un largo camino y dejar de lado su infancia para conseguir algo que ya era suyo por nacimiento, el respeto de los derechos humanos.

 
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