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Periodismo como profesión de riesgo

Editorial
Comunicación
Periodista herido en una manifestación en Barcelona. Fuente: Antena 3
Los disturbios por el encarcelamiento de Pablo Hasél sacan a la luz el peligro del oficio

El rapero catalán Pablo Hasél entró en prisión el pasado 16 de febrero por varios delitos de enlatezamiento del terrorismo, injurias a la corona y a instituciones estatales, agresión a un periodista de tv3 y amenazas a un testigo en un juicio. El encarcelamiento ha llevado a millares de manifestantes en toda España a fomentar disturbios y altercados por la “libertad de expresión”. Las manifestaciones fueron organizadas a través de las redes sociales, por tanto la información llegó a manos de las redacciones y departamentos de medios de comunicación que rápidamente asistieron a los actos. Como ya ocurrieron el pasado 1-O y diversos disturbios por el “proces” catalán, los medios siempre han tenido una labor vital a la vez que peligrosa en estas manifestaciones condenadas a los disturbios. Los cascos y chalecos son el único instrumento de distinción de los periodistas frente a los manifestantes, aunque en muchas ocasiones no es sinónimo de inmunidad. Existen precedentes de periodistas que han sido atacados a través de lanzamiento de objetos por los manifestantes, como golpeados y arrestados por los propios antidisturbios.

 

Un fotoperiodista freelance fue herido en la ceja tras el impacto de una botella en su cara por parte de uno de los manifestantes de Barcelona por la libertad de Pablo Hasel. Pero este no es el único caso en el que un periodista sale herido por cubrir una manifestación. El 19 de octubre del 2019 fue detenido un fotógrafo de El País en los disturbios ocasionados en Barcelona por el apoyo político a los condenados en el referéndum de independencia y la proclamación de la República catalana en 2017. El periodista, Albert García, fue acusado de agredir a un policía a pesar de que todos los compañeros presentes aseguraron que no era cierto.

 

Son muchos los profesionales que día a día se enfrentan al riesgo de ser agredidos por cumplir su trabajo. El periodismo es una profesión de riesgo, no es simplemente escribir, grabar, editar o saber hablar. Cuando un reportero o un cámara van a una manifestación saben el ambiente que se vive en la misma, los problemas que pueden aparecer y el riesgo del directo. La realidad no siempre es positiva, es más, casi nunca lo es. La vida real conlleva imprevistos desde una detención hasta un botellazo en la ceja como le pasó al fotoperiodista la pasada semana. No deja de ser un gaje del oficio, como existen en todos los trabajos. 

 

Lo que un periodista vive en una manifestación puede rozar el límite de lo amenazante y brutalmente peligroso para su integridad. El peligro no reside únicamente en lo físico, aunque es lo que cree mayor impacto. Un periodista en una manifestación protagonizada por disturbios, nunca es bienvenido ya que retrata el lado oscuro de una protesta que a veces tiene objetivos pacíficos pero que en numerables ocasiones acaba con heridos y detenidos. Los insultos, increpancias e incluso escupitajos y golpes por parte de los manifestantes, se contrasta con la distinción de la policía entre manifestante-periodista. Éste se encuentra en tierra de nadie, pero con miedo de trabajar con el peligro de ambos lados.

 

Por todo esto se puede afirmar que el periodismo es una profesión de riesgo, no solo por los miles de profesionales que salen día a día a la calle para dar cobertura a hechos polémicos arriesgándose físicamente, sino que también por los muchos que sufren agresiones de otro tipo constantemente como pueden ser verbales, por el simple hecho de realizar su trabajo o no estar de acuerdo con las palabras del mismo. Y usted, ¿considera al periodismo como una profesión de riesgo? 

 
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