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Maletas para los jovenes

Editorial
Nacional
Pocas esperanzas para el empleo juvenil

El futuro de los jóvenes españoles es muy incierto. Esta generación,la de los 90 y la más preparada de la historia encuentra, sin embargo, las puertas atrancadas y las ventanas clausuradas sin que ningún rayo de luz pueda pasar anunciando la esperanza. Los jóvenes viven un tiempo oscuro.

Los han bautizado de muchas formas. En algún momento fueron llamados mileuristas y considerados afortunados. Hoy en día sólo les quedan sus ilusiones casi quebradas, el desempleo, sus maletas y marcharse al extranjero como antaño hicieron sus abuelos.

La juventud sí quiere trabajar, aprender y labrarse un futuro en su tierra, una tierra que carece de oportunidades, una tierra con unos gobernantes que se las arrebatan. La derecha española, recita una sarta de medidas de austeridad ante todo y para todos, que resultan suicidas en un escenario como el que estamos viviendo. Estamos fracasando como economía, como sociedad y como país.

Las tasa de paro en España es de  un 50%, la más alta de la UE, sólo superada por Malta. En el mundo, un tercio de jóvenes desempleados y sin futuro. El problema posee un fondo excepcionalmente grave. A corto plazo, la sociedad española se arriesga a una ruptura social nunca vista antes.  A medio plazo, el panorama no augura nada mejor. Esta sangría de jóvenes perdidos, precarizados o fugados, condena a nuestro país a un futuro incierto, negativo y echado a perder. Sólo en 2012, alrededor de 54.500 jóvenes en paro partieron al extranjero en busca de trabajo.

De nada sirven para aliviar la situación las últimas iniciativas del gobierno destinadas a abaratar el despido y fomentar los contratos basura.

Muchos de estos jóvenes se manifiestan de manera pacífica esgrimiendo como únicas armas sus libros y sus ansias por poder cosechar algún fruto tras una larga espera preparándose. Sin embargo, nada avala que la desilusión progresiva en la que viven gran parte de nuestros jóvenes  ayude a cambiar sustancialmente el panorama.

Y el tiempo pasa. Lentamente, pero deja huella. Y la esperanza viene en forma de soluciones drásticas. Las más comunes alternativas para los jóvenes de entre 18 y 40 años son: vivir sobre el más que apurado colchón familiar, renunciando a cualquier expectativa de emancipación, malvivir yendo y viniendo de trabajo precario en trabajo precario, lejos de sus vocaciones y de sus formaciones, o emigrar, como antaño hicieron sus antepasados, en busca de oportunidades en otros países de Europa y América.  Países como Chile, Argentina, Panamá y Brsail son los que ofrecen más oportunisdades de trabajo a los estudiantes españoles. En viejo continente, Europa, los países con mayor recepción de jóvenes estudiantes son Alemania, Reino Unido, Dinamarca y Noruega.

Cabe esperar ofrecerles un futuro diferente sustentado en medidas para fomentar el empleo justo en España. Mejorar su formación-si cabe- y adecuarla a la demanda del mercado. Aplicar políticas públicas de estímulo al crecimiento, desde Europa y desde España. Y regular los derechos de los trabajadores con tanta seguridad como flexibilidad. Los gobiernos deben esforzarse por desarrollar estrategias para la creación de empleo, mejorar la calidad y competitividad de las empresas y aumentar la financiación de políticas activas de empleo.

Llegados a este punto, ¿Dónde está la esperanza para nuestros jóvenes?¿En el extranjero?

O se les una salida a los jóvenes sin futuro, o nos estaremos negando el futuro como sociedad.

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