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Borexit: Johnson con el viento en contra

Opinión
Internacional
Boris Johnson, Primer Ministro de Reino Unido
El Gobierno de Boris Johnson se encuentra en una situación peliaguda, con continuos escándalos y errores. Esto ha escamado a la opinión pública británica, cansada de la incompetencia del líder conservador. Las dimisiones y la inacción ante problemas graves se suceden y Boris deberá hacer frente a la oposición de la ciudadanía del Reino Unido.

 

 

 

La situación del primer ministro británico, Boris Johnson, se encuentra entre la espada y la pared tras la dimisión de su asesor Andrew Sabisky. Las declaraciones de este asesor en el pasado han sido el detonante de su marcha. La comparación del deporte femenino con el deporte paralímpico, o la aseveración de que los negros tienen una inteligencia menor han sido algunas de las perlas que han suscitado la rabia de la opinión pública. Esta presión ha sido lo que le ha llevado a renunciar a su cargo.

 

No es la primera dimisión a la que se enfrenta, Sajid Javid ya renunció a su puesto de ministro de Economía y Finanzas. La razón de su salida del ministerio fue el excesivo control por parte de Johnson, que busca manipular a su antojo los séquitos de sus ministros. Esto agrava la desastrosa situación de su gabinete, compuesto por meros asesores que carecen de unas competencias propias de sus cargos. A este paso, los únicos candidatos que van a quedar para formar parte de su gobierno van a ser sus familiares. Aunque parece ser que ni ellos confían en su futuro.

 

Mientras tanto Johnson echa balones fuera, acusando a la BBC de intentar desestabilizar la salida de la Unión Europea. El primer ministro pretende contraatacar. Su plan es desprestigiar a la cadena y además quiere asfixiarla económicamente. Para ello llevaría a cabo la despenalización de la multa por impago de la tasa anual que mantiene a la cadena británica. Actualmente, cada familia debe aportar 185 euros al año para financiar la BBC. Evadir este impuesto supone una multa de 1200 euros. Esta medida supone un paso más allá en la crítica de los conservadores al modelo económico anticuado de la cadena.

 

Este ataque a uno de los símbolos más emblemáticos de la cultura británica es algo inédito. Constituye una agresión directa a la libertad de información de los ciudadanos del Reino Unido y a los valores de veracidad e independencia del conglomerado mediático. La BBC está en la cuerda floja. 

 

Pero no es solo la opinión pública la que se encuentra harta de las excentricidades y las salidas de tono del primer ministro. El pueblo británico ha sido testigo de la indiferencia de Johnson ante la inundación de muchas localidades del país tras el paso de la borrasca Dennis. 180 millas son las que separan la zona afectada por las lluvias de la residencia campestre desde la que Boris Johnson observa despreocupado el desastre. A esta falta de interés se suma la inacción por parte de su gobierno, que aún no ha llevado a cabo ninguna medida para recuperar las zonas.

 

Esta crisis meteorológica no ha llegado a su fin. Más de 350 alertas siguen activas por las fuertes lluvias. El dirigente británico tendrá la oportunidad de poner su mejor cara ante los medios los próximos días e intentar mitigar la situación problemática del país. Deberá ganarse a la opinión pública y aplicar políticas menos perniciosas para los ciudadanos.

 
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