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La cultura sin colores

Opinión
Culturas
La familia Bardém, manifestandose contra los recortes.
La familia Bardém, en una manifestación. Fuente www.bekia.es
La cultura no esta de moda. Ni el cine, ni la música, ni mucho menos los libros o las artes plásticas. A todos nos interesa más hablar de política, fraudes, Urdangarines y despidos en diferido. Que una persona sea capaz de emocionar al ejecutar una pirueta increíblemente costosa no impresiona ni la mitad de lo que puede impresionar la habilidad para sustraer 38 millones de euros.

Y es que los tiempos de “los de la ceja”, los tiempos en las manifestaciones, subvenciones, películas con el patrocinio del Ministro de Cultura, esos tiempos, son cosas del pasado. ¿Quién  quiere ver a un violinista, cuando no sabe como pagará la hipoteca el mes que viene?

Nuestras autoridades, investidas en el manto de la inviolabilidad del voto emitido hace dos años, porque como todo el mundo sabe una opinión tarda por ley cuatro años en cambiar, hacen y deshacen a su antojo, como caciques de república bananera. El culto a la persona y su inviolabilidad de cargo impiden que la gente se queje a menos de 300 metros de la vivienda de un político, porque sus hijos pueden sufrir molestias. No estamos tan lejos de Corea, no. Y no nos entiendan mal, que nosotros pensamos que ese pobre niño no tiene la culpa de nada. Pero tampoco el hijo del obrero en paro que sufre las “molestias” de un desahucio.

Y es que el “nazismo de Cospedal”, el ruido molesto e ignorable ahora es difícil de acallar. No hay Mundial, no hay Gran Slam ni Olimpiadas. Y la cultura… calla. Calla, o habla mal.

Porque sí es cierto que la cultura sufre de violencia de género, del género tonto digo, por parte de las instituciones, pero también es verdad que el posicionamiento político que algunos de los artistas nacionales hicieron en el pasado ha hecho más mal que bien. Porque cuando te comportas así te conviertes en un arma, y la cultura debe ser un escudo.

Y esa es su función, la de escudo contra la ignorancia, contra el adoctrinamiento conductivista y contra la apología de la estupidez. Quien no sabe, repite sus errores, y en eso nuestra querida España, es única. Figuras esperpénticas nos gobiernan detrás de un televisor o saliendo por la puerta de atrás del congreso, mientras sindicalistas se hacen de oro con nuestro sudor.

Pero siempre hay que darle la razón a esos fenómenos de periódico, y es verdad que no nos podemos quejar, porque la cultura si es accesible, si vives en determinado lugar. Está claro, que los hijos del Ministro Wert podrán tocar el violín, aprender 5 idiomas e ir al teatro cueste lo que cueste. Pero esos no son los que luego llenarán teatros, estadios y venderán libros.

Porque si te paras a ver de donde son los españoles que se conocen en el mundo, pocos son de Arturo Soria. Almodóvar es de Calzada de Calatrava, Sara Baras de San Fernando de Cádiz, los hermanos Gasol de Sant Boi y Casillas de Móstoles. No decimos que por tener dinero no debas poder acceder a la cultura, pero, ¿y los demás?

Y es que para ser bailarín, para ser escritor, tienes que tener una voluntad de hierro. Y ganas de pasar penurias. Y la culpa no es de esos personajes políticos, que bien podrían ser sacados de los Simpsons (ojo, de los dos colores, azul y rojo), si no de la cultura, que habló, y habló mal.

Habló y habla mal cuando un chico o chica de Leganés tiene que pagar para acceder a clases de guitarra, de danza o de teatro. Habló y habla mal cuando reivindica las subvenciones al cine español y no a los teatros llamados Rigoberta Menchú. Señores artistas, protesten por eso. No confundamos los cultos con los culturistas. Defiendan al niño de Leganés, luego salvaremos el cine español.

Porque la cultura debería medir sus palabras, y dedicarse a lo suyo, y no a políticas en las que deberían ser los ciudadanos (o los artistas en calidad de ciudadanos) los que se movilizaran. Creo que es el momento de dejar que Bardém haga eso que tan bien sabe hacer, actuar, y dejar la política para sus espacios privados.

Seamos capaces de ver la viga en nuestro ojo. Criticar a Wert es lógico, pero ¿qué valor tiene una crítica si no nos lo aplicamos a nosotros mismos?

Comentarios

Es cierto que muchas veces se nos olvida de dónde salen los artistias, los que por suerte o esfuerzo llegan a ser verdaderas estrellas. Nacen de los barrios humildes y la mayoría no de familias adineradas. 

Se nos olvida a muchos que la inversión en el aprendizaje de una buena cultura para los niños, tendrá el fruto de tener una buena cultura el día de mañana. No podemos intentar proteger la actual sin pensar en la que vendrá. 

Que quereis que os diga, la cultura es cara y barata dependiendo de a dónde miremos, y en tiempos como los que corren un soplo de aire fresco de creatividad y ilusión, que es lo que muchas veces enfrasca la cultura, no viene nada mal. 

Creo que el mundo de la cultura no debería meterse tanto en temas políticos, por supuesto que todo el mundo tiene derecho a opinar y a defender lo que cree que es justo pero tal y como están las cosas, mejor que se preocupen de hacer buenas producciones para que la taquilla española no recoja tan malos datos como viene siendo habitual.

En cuanto a los escraches entiendo que la población, más aún los que están a punto de perder sus casas, lleguen a una crispación tal que decidan ir a los propios domicilios de los políticos a quejarse. Sin embargo, creo que la familia de estos políticos no tienen la culpa de cómo se está desarrollando la situación actual del país.

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