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Innovar para incentivar la lectura

Opinión
Culturas
Que el Día del Libro es una celebración casi internacional, apenas es discutible. La muerte de Cervantes el 22 de abril de 1616 y la posterior de Shakespare el 23 de abril de ese mismo año supusieron el inicio de un festejo que es algo más que un homenaje a los escritores y a las letras: es un homenaje a la cultura.

Leganés, al igual que otras muchas localidades españolas, no desperdició esta cita cultural. En una época en la que la tecnología es la reina de nuestras vidas y cuesta cada vez más acercar los libros a la gente (o viceversa), es esencial aprovechar cada momento para poder fomentar una actividad tan entretenida como variada. Y es que la lectura, como otras artes como el cine, es una actividad que se adapta a cualquier persona. No importan los gustos o la edad, siempre existirán tomos que estén hechos a nuestra medida.

Las actividades realizadas en Leganés fueron de lo más variopintas. Desde charlas y firmas de libros, pasando por concursos de escritura y dibujos hasta exposiciones, la ciudad se “engalanó” para festejar la existencia de los libros y sus creadores. Sin embargo, hay que puntualizar que, a pesar de los deseos para incentivar la lectura por parte de los organizadores, existe una inamovilidad en cuanto al hecho de innovar esta celebración. No solo en Leganés, sino en gran parte de las ciudades españolas, se tiende a repetir las mismas actividades de cada año. Es cierto que lo mejor para celebrar la lectura es, en definitiva, leer (valga la redundancia). No obstante, si se quiere llegar a aquellos que se resisten a introducirse en el mundo de los libros, quizás habría que pararse a pensar en nuevas posibilidades que se acerquen algo más a conseguir tal cometido.

Para alguien como yo, que se considera una lectora habitual, los actos que se llevan a cabo con motivo del Día del Libro generan en mí sentimientos contradictorios. Un ejemplo: la lectura de “El Quijote” tiene su cabida, por supuesto. No obstante, quizás un "simple" recital del famoso tomo español no atraiga tanto como podría hacerlo mostrar la obra de otro modo más llamativo, ameno o entretenido. Una representación teatral, la participación del público o una adaptación modernizada del libro podrían suponer la diferencia entre conocer solo el título o llegar más allá, hasta su contenido, su misma esencia.

Querer abrir las puertas de la afición a la lectura de cara al público no tiene por qué empezar, precisamente, leyendo. Alguien que vea esta maravillosa actividad con un enfoque negativo seguirá reticente a entrar en ese mundo. Por eso quizás haya que comenzar a buscar un abanico más amplio de puertas y ventanas que conduzcan hacia los libros que algunos tanto valoramos.

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