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No queremos migas; queremos el pan entero

Editorial
Economía
Eduardo Zaplana comparece ante la justicia/ MPGE CC-BY-SA

Esta semana se levantaba el secreto de sumario del Caso Erial.  De la mano de un informe de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil (UCO), salió a la luz que quien fuere President de la Generalitat Valenciana Eduardo Zaplana se llevó más de 11 millones de euros a costa del pueblo valenciano. Y es que, apenas año y medio después de su llegada a la Generalitat, Eduardo Zaplana privatizó la Inspección Técnica de Vehículos (ITV) y el Plan Eólico bajo los mantras de la “eficiencia” y la “gestión empresarial”. Las concesiones de estos servicios se las regaló a “amiguitos del alma”, que supieron recompensarle con cantidades suculentas de comisiones —custodiadas, para más inri, por un testaferro uruguayo que se autodefine como experto en “optimitzación fiscal”—.

 

Si bien este caso es, sin lugar a dudas, nauseabundo en cuanto a la hipoteca reputacional que el Partido Popular dejó en la Comunitat Valenciana, se sienta un precedente clave: por primera vez en un caso de corrupción a gran escala se ha devuelto una parte de lo que se ha robado: en este caso, 6 millones de euros, que fueron enviados por el testaferro Fernando Belhot —quien decidiera colaborar con la Justicia— a la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil, que ha llevado el caso con absoluta discreción.

 

Que la justicia esté actuando por vez primera con mano dura contra la corrupción no es más que una muestra de buena salud democrática. Y es que, aunque los políticos valencianos al unísono clamaran por la salida de prisión provisional de Zaplana a tenor de la grave leucemia que padece, la jueza fue capaz de demostrar que, a pesar de las circunstancias adversas, quien fuere otrora ministro seguía encargándose de sus negocios ilícitos desde su lecho del Hospital La Fe.

 

Zaplana es sólo uno más. Uno más de aquellos que decidieron aprovechar la burbuja inmobiliaria y las privatizaciones sistemáticas de servicios públicos para enriquecerse a costa de los valencianos. 5 años de Govern del Botànic han servido para cambiar la imagen del Pueblo valenciano en el mundo, al tiempo que han conseguido que la Comunitat Valenciana crezca a un ritmo más rápido que el resto del Estado español y mejore en la mayoría de indicadores macroeconómicos y de empleo. 

 

Estos años han servido para que los valencianos recuperen su autoestima. Como primer paso, sin lugar a dudas, es un gran avance. No obstante, como sociedad, no vale conformarse con las migas y hay que luchar por el pan entero. Es de justicia —nunca mejor dicho— y genera un consenso unánime en la sociedad de esta tierra amable exigir algo tan simple como que, quien ha robado, devuelva hasta el último céntimo. Y existen formas legales y de movilización popular para garantizarlo. La democracia de los valencianos ha comenzado a caminar, pero huelga conseguir que comience a correr. Como un día dijera Ovidi Montllor, “ja no ens alimenten molles; ara volem el pa sencer”.

 

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