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Residuos de una campaña electoral

Opinión
Sociedad
Dos de los nuevos contenedores en Jorge Guillén, instalados la primera semana de marzo..
Nuevos contenedores en Jorge Guillén. / Foto: Jorge Lázaro
Poco a poco, los vecinos cosladeños hemos podido ver cómo se instalaban los nuevos contenedores de residuos orgánicos y plásticos prometidos durante tantos años. Por fin, 689 contenedores han comenzado a instalarse en la última semana de febrero, y continuando durante todo este mes de marzo.

Obviamente, la instalación de los nuevos contenedores es algo de agradecer, sobre todo si vemos las nuevas características de los mismos con tanta ilusión como el Ayuntamiento: por una parte, elogian sus componentes plásticos y reciclables; por otra, Coslada presume de haber avanzado en materia de accesibilidad, con relieves sobre fracciones de basura a depositar en el exterior para personas invidentes, y maletas en el lateral para personas discapacitadas.

Cabría sin embargo plantearse varias cuestiones a este respecto. Por ejemplo, los nuevos materiales, que siendo fundamentalmente plásticos no suponen un gran cambio respecto a los anteriores (de hecho, tanto los anteriores como los nuevos están construidos en plástico y metal), únicamente tienen una ventaja: que su diseño permite reducir el ruido en la descarga.

Tampoco las características que impulsan la accesibilidad parecen algo demasiado necesario. Los relieves terminarán siendo tan ignorados como los visuales que hubiera antes para todos los ciudadanos; y la maleta ya se ha visto impedida en la instalación en algunas calles por su propio bloqueo con barreras metálicas, o por la altura elevada de los bordillos que durante tantos años ha sido criticada.

Y queda luego el momento de ejecución de este plan de renovación. Después de años en que los ciudadanos hemos pedido esta renovación necesaria (el mismo alcalde, Raúl López, calificaba de “lamentable” el estado de los antiguos contenedores), llega el cambio en el año electoral, con el candidato del PP repitiendo por cuarta legislatura consecutiva.

El mal estado de los contenedores ya obligó a pedir 150 en préstamo a la comunidad, y año tras año se demoró el proyecto de la renovación. No parece casualidad que el cambio llegue en momento de campaña, y el presupuesto destinado a ello –necesario o no- tiene poco de triunfo de gestión económica, y mucho de gasto publicitario por parte del ayuntamiento. No han faltado los cínicos que han comparado los nuevos contenedores de residuos con las urnas que veremos pronto en los colegios electorales.

Por ello, los motivos de la renovación en la gestión de residuos, al margen del agradecimiento que podamos tener para con este cambio, no se deben perder de vista en un momento como este. El populismo, cuando quiere disimular, toma siempre la imagen más anodina que se pueda preveer.

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