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La Rambla de la discordia

Reportaje
Sociedad
Rambla, Reportaje, Obras, Presupuesto
Alrededores de la Rambla de Colslada
El alcalde Raúl López (PP) presentó este martes, junto a los concejales de Urbanismo y Obras Públicas, un proyecto al que se destinará hasta un millón de euros del presupuesto municipal y que, según las previsiones, se extenderá durante los próximos tres meses.

Hace apenas unos días que el Ayuntamiento de Coslada anunció la pronta iniciación de las obras de remodelación de La Rambla, centro de vida y costumbres de la localidad.

El objetivo de la remodelación, que ya había sido propuesto por organizaciones ciudadanas y que cuenta con el beneplácito de los empresarios y hosteleros de la localidad, alcanza también a compensar los continuos problemas que ha sufrido la zona, como la paralización durante cuatro meses de su actividad de transporte público (el metro permaneció cerrado por obras).

 

Y lo cierto es que, después de tanto tiempo, los habitantes no acaban de creerse que tanto dinero vaya a destinarse a una sencilla “remodelación”. Patricia, que lleva toda su vida viviendo en la zona, recuerda que “el proyecto se anunciaba ya a bombo y platillo desde hace casi diez años, contemplando una zona residencial de 1.200 viviendas (400 protegidas), diversos equipamientos y espacios verdes. Si sólo se va a ver afectado el aspecto de la plaza… ¿qué ganamos nosotros?”

 

Las promesas de Raúl López respecto a cambiar el aspecto de una ya denigrada Rambla vienen de lejos, para ser exactos, desde las elecciones de 2007, cuando accedió al cargo por primera vez en detrimento de su actual rival en la oposición y, nuevamente, candidato a la alcaldía, Ángel Viveros (PSOE). Entre las bondades de la flamante nueva Rambla se encontrarían la construcción de una Ciudad de la Cultura (con biblioteca incluida), un centro cultural, un centro integrado de servicios sociales a pleno funcionamiento y nuevas y modernas dependencias para la Policía Local y Protección Civil. De todas estas intenciones, la única que parece que va a salir a flote es la de la biblioteca. El resto tendrán, al menos por el momento, que esperar.

 

Desde la oposición, se recrimina a López el “gasto inútil que se lleva a cabo vendiendo una supuesta estabilidad presupuestaria, y que sólo se ha visto colmada gracias a la reducción de partidas presupuestarias destinadas a fines sociales”. Esto, unido a la falta de viviendas sociales en la Rambla (que muchos habitantes de Coslada esperaban como agua de mayo) en detrimento de “embellecer la zona” no ha hecho sino caldear los ánimos en el municipio, que ha sufrido las terribles consecuencias de la crisis en forma de paro, estancamiento económico y recortes en partidas de gasto público.

 

“Ni es necesario ni lo precisamos. Lo que hace falta es voluntad política para destinar tantísimo dinero a causas que lo merezcan”, dice Ángel Viveros, que ha hecho del presunto despilfarro del gobierno local su bandera para asaltar la alcaldía. Raúl López, por su parte, se mantiene en sus trece, asegurando que la urbanización de la vieja plaza “supone un sueño hecho realidad para los cosladeños, además de proporcionar un espacio de esparcimiento para la población”. Además, no duda en calificar la gestión económica del Ayuntamiento como “impecable”.

 

Y mientras estos rifirrafes políticos se dan entre gobierno y oposición, los auténticos afectados, los habitantes de Coslada, empiezan a plantearse seriamente si su dinero va a parar a las mejores inversiones. Patricia vuelve a insistir que, “por muy bonita que sea, la remodelación sólo va a afectar a la vista del ciudadano. Y a lo mejor ni eso”. En cualquier caso, las grandes obras públicas buscando captar votantes para futuros comicios no siempre salen a pedir de boca, y Coslada se ha convertido, para bien y para mal, en el último y curioso ejemplo de este fenómeno.

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