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Crónica de una crónica

Crónica
Local
Un grupo de redactores narra uno de sus días de periodismo estudiantil en Alcalá de Henares. La decepción con el tema programado para una crónica inicia la búsqueda desesperada de una idea alternativa, que acaba resultando un recorrido por los bares más característicos de la ciudad rodeados de cerveza, amigos y reflexiones periodísticas. Es decir, el reflejo de lo que los estudiantes que escriben para este medio han experimentado durante los últimos meses, que también merece ser contado.

¿Qué le ocurre al ilusionado periodista cuando lo que pensaba que podría ser su gran crónica tiene, sin embargo, más puntos débiles que fuertes? En ese momento de desazón, comienza el periodismo de verdad. El oficio de calle.

A nosotros nos ocurrió en Alcalá con lo que creíamos que podría ser nuestra gran obra sobre el Mercado de Marisco Gallego, situado en el Recinto Ferial. Ante esta desilusión, nos pusimos a pensar una alternativa con la que subsanar esta falta de tema. Cerveza y pulpo eran la mezcla necesaria para esta búsqueda que no sabíamos dónde nos iba a llevar.

Sin respuestas, decidimos encaminarnos en esa mañana de sábado hacia el centro de la ciudad. Quizás un paseo podía servirnos de inspiración, ¡si hasta sus cigüeñas son buenas para ser reportajeadas!

El problema fue cuando, al llegar a la calle Libreros, surgió una pregunta: “¿y si lo pensamos con una cerveza y una tapa del Indalo en la mano?”. Nuestras miradas se buscaron para aprobarse unas a otras. Así que entramos. El tiempo pasaba y las musas del periodismo parecían no querer aparecer ante nosotros.

Salimos del bar, eran las dos y media de la tarde. Hora de comer. Taberna de Rusty es el nombre de nuestro próximo destino, al que sin solución alguna, le siguen varios bares de tapas más de la calle Mayor y Plaza de los Santos Niños: Maimonides, El Gato Verde, Garnacha… Y el periodismo continuaba dándonos la espalda o quizás estaba esperando para aparecer en el momento oportuno.

Cuando el sol ya caía entre los edificios antiguos de los soportales de Alcalá nos dimos por vencidos y decidimos, como un intento de resarcimiento, tomarnos una última cerveza en la vinoteca en la que siempre somos bien recibidos: El Tempranillo.

Al salir de ahí, la bombilla se encendió sobre uno de nosotros, el periodismo había decidido hacer su estelar aparición: “chicos, vamos a contar la crónica de una crónica. La crónica de un fracaso. La crónica de un día de tapas por la bella Alcalá”.

Y es que esto es el periodismo, buscar luz donde todo parece oscuro.

 

 

 

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