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Historia de una vocación

Entrevista
Deportes
Ángel junto al cartel de su antiguo equipo de Guangzhou.

Ángel López Pérez, nacido en Madrid el 5 de abril de 1983, es un antiguo preparador físico y segundo entrenador del Getafe Club de Fútbol. Desde pequeño, como muchos otros, quería ser futbolista. Tras acabar sus estudios de INEF siguió su pasión desde el punto de vista de entrenador dando clases en colegios. Así consiguió meterse de cabeza en este mundo como preparador físico del Getafe y, posteriormente, segundo entrenador. Después de un largo trayecto y esfuerzo, ha trabajado en otros equipos extranjeros como el Petrolul Ploiesti de Rumania y en el Guangzhou Evergrande Taobao de China. Actualmente se encuentra en Manchester, capital mundial del fútbol, para ampliar su nivel de inglés porque “es clave” para el mundo del deporte.

Su estancia en Manchester no le permite ofrecer una entrevista en persona, pero desde su silla de escritorio de su nuevo piso cuenta su trayectoria con emoción.

“Lo del fútbol en mí es algo intrínseco”, confiesa al principio mientras se acomoda en su silla. Sin embargo, el joven que soñaba en convertirse en un gran futbolista como Raúl, dejó apartado un tiempo el fútbol porque pensaba que nunca podría llegar a su nivel. Es una “persona frustrada por no haber sido futbolista”. Nadie se acerca al fútbol, ni los periodistas, ni los entrenadores, ni los aficionados, sin haber soñado antes con jugarlo.

“He encontrado otra cosa que me llena más de lo que yo pensaba cuando era jugador”, es decir, el ser entrenador. Lo descubrió dando clases a niños en colegios cuando todavía estudiaba la carrera de INEF. Pero se dio cuenta que al entrenar a niños siempre consideraba ganar como lo más importante y eso “era mal formar a los jóvenes jugadores”.

Lo mejor era pasar a entrenar “a mayores”. Logró pasar a Preferente y de ahí a un equipo de tercera división entrenando al San Fernando. El haber hecho una “muy buena temporada con un muy mal equipo”, hizo que les fichase el filial del Getafe, uno de los mejores equipos de esa categoría. El año se dio tan bien que empezó a haber movimiento en el primer equipo y, al marcharse un preparador físico, Ángel consiguió lo que no hubiera esperado en tan corto tiempo: pasar a primera división.

Ángel ha vivido en Rumania como segundo entrenador del Petrolul Ploiesti durante casi un año y también en China en el mismo puesto en el Guangzhou. “Ir a Rumania fue menos dramático que ir a China, ya que desapareces del mapa”. Se nota que es un tema más delicado, y afirma: “Una relación necesita el día a día, el roce, el cariño. Si no hay eso, no hay relación”. Ángel viajó a China, a pesar de no estar de acuerdo con el club, dejando atrás a su pareja. Si hubiese terminado de cumplir el contrato que tenían allí “algo hubiera tenido que haber hecho para seguir la relación adelante”.

Después del fracaso que sufrió en China por los malos resultados del Guangzhou, Ángel volvió a Madrid, cortó sus lazos con sus antiguos compañeros de club y estuvo un año echando currículums e intentando colaborar en los programas de fútbol disponibles, como Radio MARCA. Pero también es un año acompañado de la pareja, los familiares y amigos.

Tras darse por rendido en el ámbito nacional, ha vuelto a alejarse de su lugar de origen. Ha dejado todo atrás temporalmente y se ha embarcado a la aventura en la ciudad conocida como la capital del fútbol, Manchester.

Sobre su futuro, Ángel se muestra indeciso: “No lo veo claro. Ya sabía que era muy difícil reengancharme al fútbol después de lo de China, pero una cosa es saberlo y otra cosa es vivenciarlo”. Pero no se muestra pesimista para todos los ámbitos. “Realmente soy un afortunado de la vida por poder irme un año a Inglaterra y poder pagármelo”.

Esta pasión, este deseo de conseguir un sueño que se ha creado prácticamente con la formación como persona, implica muchos sacrificios. Ángel reconoce que ha dejado pasar muchas cosas que probablemente ahora no haría. La pasión “te da y te consume la vida”.

No es un sueño fácil de conseguir, o al menos poco ambicioso. Para ser un buen entrenador “hay que ser un ejemplo, un líder”. Una función como esta implica un puesto de dirección y liderazgo, por lo que hay que tener muy claro las decisiones que se tienen que tomar. Lo más importante es “transmitir bien y analizar bien”. Si se hace eso bien y se consigue que los jugadores crean en lo que se está diciendo, el éxito está asegurado.

Ángel en la actualidad solo entiende el fútbol como un estilo de vida. Esa es una de las razones de su traslado temporal a Manchester: “Aquí existe todo en torno al fútbol, es algo social, una forma de vivir”.

El deporte de alto rendimiento no suele ser aconsejable, pero, en el caso de Ángel, el fútbol tiene algo “diferencial”. Probablemente mucha gente no llegue a donde quiere en el mundo del deporte, pero nunca hay que dejar de animar. “Hay que perseguir los sueños siempre”.

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