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VENEZUELA, ¿CHAVISMO O IMPERIALISMO?

Editorial
Crisis Mundial
Fuente: Election Facts
La crisis venezolana ha llegado a un punto de no retorno. Ahora el pueblo, si le dejaran, debería decidir el futuro de su país, para lo que es imprescindible el apoyo internacional.

La convulsa situación política de Venezuela ha desembocado en un enfrentamiento social  que ha fracturado el país como consecuencia de la auto-proclamación de Juan Guaidó como “presidente interino”, lo que ha provocado un eco internacional que tiene a todos los países del mundo pendientes del conflicto interno venezolano por las consecuencias internacionales en las que puede desembocar.

El punto de inflexión en esta situación tuvo lugar cuando el presidente de EEUU, Donald Trump, reconoció inmediatamente a Guaidó la legitimidad de su presidencia con la intención de derrocar al presidente electo, Nicolás Maduro.

Fuente: Clarín

Las continuas intentonas del presidente venezolano por ignorar lo que está sucediendo en su país no han podido acallar las revueltas y reacciones, tanto internas como externas, ante la marcada degradación del país. La gestión de Nicolás Maduro en los últimos años al frente de Venezuela, la ha sumido en un gravísimo deterioro económico y material, hecho que es cuanto menos curioso si tenemos en cuenta la cantidad de recursos de los que dispone a lo largo y ancho de su territorio, siendo uno de los países más dotados en este sentido de América. Además de ello, enmascarado tras una ideología democrática, ha construido un régimen autoritario en el que se han llevado a cabo todo tipo de artimañas para perpetuar la figura de Maduro bajo la bandera del movimiento bolivariano, que ya poco o nada tiene que ver con la movilización que cautivó al pueblo venezolano.

Durante el último siglo, Venezuela se ha caracterizado por ser un país dependiente de la producción y venta de petróleo para países como Estados Unidos, aliciente que, por supuesto, ha aumentado el interés del Gobierno de Donald Trump en derrocar al actual presidente venezolano para hacerse con dicha producción petrolífera. Para los partidarios y el gobierno bolivariano, la acción de Guaidó, aun con el reconocimiento internacional, es considerado como un golpe de Estado encabezado por Trump, los gobiernos reaccionarios de la región y la oposición patronal, aprovechando el desastre generalizado del gobierno de Maduro para legitimar la acción, para ellos, golpista.

El conflicto viene cuando una parte del pueblo oprimido y explotado de Venezuela, ha apoyado el intento de derrocamiento de Maduro, aun a expensas de ceder ante las garras del imperialismo del que tantos años llevan escapando, en un claro giro hacia la derecha, dominada por Trump y Bolsonaro, cumpliendo así con la tendencia mundial que se viene dando en los últimos años.

Fuente: Iberoeconomía

Por otro lado, para otra parte de la población, no hay ninguna salida que pueda venir de la mano de éste, negándose a lo que significa el imperialismo como dueño del mundo, y a las reacciones de subordinación y jerarquía en el sistema mundial de Estados que lo hacen dominar el planeta.

Por el momento, la caída de Maduro es todo un enigma, aunque nunca se había producido una unión entre fuerzas tan grande como la que se está llevando a cabo en la actualidad, con numerosos países habiendo reconocido ya a Juan Guaidó como legítimo presidente de Venezuela. En manos de la Fuerza Armada se encuentra el devenir del pueblo venezolano, dañado y limitado durante mucho tiempo por un régimen restrictivo de los derechos y libertades, y por los continuos conflictos internos y externos, pues son ellos los con su apoyo a uno u otro lado den un desenlace armado o político.

La delicada situación requiere que se encuentre una salida política cuanto antes. Los enfrentamientos entre partidarios y detractores del todavía presidente de Venezuela, han dejado ya una hilera de heridos y bastantes vidas por el camino, además de encontrarse ante la amenaza de un enfrentamiento civil de mayor calado y un conflicto armado en el horizonte.

Por ello, los países de la Unión Europea deben aunar esfuerzos en evitar lo que cada vez parece más inevitable, buscando una de las pocas salidas que se avistan ante esta delicada situación: unas elecciones que busquen dar al presidente una legitimidad democrática bajo el amparo de la elección del propio pueblo venezolano, eso sí, bajo la supervisión internacional para evitar resultados sospechosos, aunque con los intereses mostrados por unos y otros, se antoja una auténtica cruzada.

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