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TORTURAR TOROS NO ES ARTE

Editorial
Culturas
¿Se sienten los españoles realmente orgullosos de que la tauromaquia sea parte de la cultura española? La mayoría probablemente no. Pero el Senado parece que sí

 

¿Se sienten los españoles realmente orgullosos de que la tauromaquia sea parte de la cultura española?

 

La mayoría probablemente no. Pero el Senado parece que sí. El pasado 6 de febrero emitió una moción pidiendo al Gobierno que desarrollase medidas para proteger las actividades de caza y tauromaquia, defendiendo su importancia cultural como parte de la identidad tradicional española.

 

De hecho, el origen de esta tradición en España fue en el año 815. Han pasado más de 1.200 años, tiempo suficiente para que la mayoría de los países europeos eliminasen de su cultura patrimonial cualquier rastro de este tipo de barbarie que promueve la tortura animal.

 

Sin embargo, España parece vivir al margen de sus países vecinos y ha preferido quedarse estancada en el medievo, desvinculándose de la evolución cultural e, incluso, exaltando la figura del torero como si de un héroe se tratase. Y esto, para muchos ciudadanos, es un problema.

 

Los taurófilos justifican la perpetuación de esta práctica argumentando que es gracias a ella que los toros bravos no se han extinguido y que, además, estos animales son agresivos por naturaleza. Nada más allá de la realidad. La asociación comparsa animalista de Bilbao, Piztiak, lo explica muy bien: el toro bravo no es una raza, sino simplemente el macho de la vaca. Son animales a los que el hombre ha seleccionado para que tengan aspecto de bestias bravas e impresionantes. Además, tal y como defienden numerosos veterinarios, sí sufren dolor como cualquier otro mamífero con sistema nervioso al ser atravesado por espadas hasta perforar sus órganos internos o mutilado sin medidas paliativas.

 

Por si esto no fuera suficiente, el toro antes de salir a la plaza recibe un trato vejatorio para aumentar, así, su confusión cuando llegue la hora de salir al ruedo y se pueda justificar su violenta actitud. Este maltrato premeditado va desde transportar al animal en camiones oscuros para producir en él estrés a prácticas más inhumanas como aplicar descargas eléctricas en los testículos segundos antes de que se abra la puerta dirección a una arena que le sentencia a muerte. Esta es la manera  que tiene el ser humano de crear una bestia para que el torero pueda completar su hazaña orgulloso.

 

Por otro lado, se escudan en el mismo argumento invalido “es arte y es tradición”. Pero no lo es, es un alarde de superioridad frente a un animal indefenso y asustado. Y el término que podría explicarlo es: especismo, la única finalidad de esta práctica es divertirse a costa de un ser que no puede defenderse, pero eso no importa. Porque al final del día para muchos es “arte y tradición” y parece ser que esos dos términos justifican la sangrienta agonía de los toros. Se olvida que una tradición puede ser arcaica y que si trae sufrimiento y muerte consigo debe ser prohibida.

 

También se habla de que estos espectáculos son una herramienta económica gracias a su capacidad de crear puestos de trabajo. Sin embargo, estos datos no reflejan la realidad que muestran las fuentes oficiales. Según el ministerio de cultura, entre 2003 y 2013 las corridas han descendido más del 36,62%. Además, los empleos que genera son precarios y temporales. Asimismo, según un estudio realizado por la Fundación Altarriba, las fiestas taurinas y las subvenciones que reciben nos cuestan más de 500 millones de euros al año, provenientes íntegramente de las arcas públicas, sin los que muchos aseguran que la tauromaquia habría dejado de existir.

 

A pesar de ser capaces de desmontar fácilmente los argumentos con los que muchos justifican la tauromaquia, en pleno siglo XXI, parece que la sociedad española continúa manteniendo un profundo arraigo a la cultura del maltrato, entonces ¿por qué nos sorprende que diariamente se produzcan agresiones machistas, homófobas, tránsfobas, racistas, etcétera, si se defiende como cultura un espectáculo que promueve la tortura de seres indefensos? Por otro lado, la masculinidad sigue siendo tan frágil en mentes tan mediocres que un hombre elige enfrentarse a un animal para ser capaz de demostrar su virilidad y valentía. Y peor aun, hay personas a las que eso les parece caballeroso, heroico y excitante. Como dijo Manuel Vincent, “si el toreo es cultura, el canibalismo es gastronomía”.

 

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