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NO ES PAÍS PARA JÓVENES

Reportaje
Indignados
Tamara es un ejemplo de la precariedad laboral juvenil.
Tamara tiene 27 años y forma parte de una generación que está muy formada y preparada para trabajar pero que no es capaz de encontrar un puesto de trabajo estable. Estas generaciones son parte de los nuevos pobres, pero a la mayoría les cuesta aceptar su situación y buscar ayuda más allá del núcleo familiar.

La crisis redefine el concepto de pobreza

España ha sido uno de los países más castigados por la crisis. Desde que comenzó, millones de personas han tenido dificultades para salir adelante. Según el INE (www.ine.es), el 29% de la población se encuentra en riesgo de exclusión social, sin recursos y con barreras para acceder a las ayudas sociales. Sin duda, uno de los sectores que más sufre esta lacra son los jóvenes.

Según la RAE, pobre significa necesitado, que no tiene lo suficiente para vivir. Sin embargo, nuestra sociedad no duerme bajo un puente, ni es indigente, simplemente no puede mantenerse por sí misma. Entre los jóvenes se hace necesario, en la mayoría de los casos, recurrir al apoyo familiar ya que sin el no podrían salir adelante. Solo el 18% de este sector recibe ayudas sociales para hacer frente a los pagos. Entre ellos reconocen que "sus puestos de trabajo son precarios pero que no quieren la caridad ni hacerse las víctimas, solo buscan salir adelante".

Lo cierto es que muchos salarios que reciben los jóvenes no superan los 600€, el 6,4% de la población tiene una nomina inferior a esa cifra, por lo que no se pueden independizar o comparten gastos para poder irse de casa. La gran mayoría, no puede hacerlo hasta alcanzar los 30 años. Solo 2 de cada 10 lo hacen antes. Para hacer frente a la mala situación y ayudarse entre ellos, muchos han creado plataformas en internet. Así, pueden afrontar esta situación que puede causar frustración o ansiedad pero que nunca debe ser motivo de vergüenza.
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