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Las rebeliones árabes seis años después

Reportaje
Rebeliones árabes

Han pasado seis años desde que las primeras protestas ciudadanas en algunos países árabes desembocaran en revueltas masivas, con gran cobertura y repercusión internacional.

El mundo árabe ha estado controlado por monarquías autoritarias o regímenes dictatoriales que, apoyados por Occidente, presentaban como estable un sistema de represión despiadado. Recuperar la dignidad de la población ante una situación de pobreza, falta de libertad e inacción de sus políticos se presentaba como el objetivo inicial de las protestas sociales en los países del Magreb y Oriente Próximo.

Las cuestiones que nos planteamos seis años después, son:

¿Estas rebeliones se han materializado en cambios políticos?

¿Están más protegidos legalmente los ciudadanos?

¿Todos los países han avanzado por igual?

 

Las evoluciones democráticas que siguieron a las protestas de la conocida como “Primavera Árabe” de 2011 han sido muy desiguales: mientras que la revolución en Túnez logró cambios visibles (pasó de la dictadura de Ben Ali hacia una democracia parlamentaria), algunos países como Egipto y Bahrein no han sufrido transformaciones, en Yemen y Libia los crímenes de guerra no han cesado y como caso más dramático tenemos el ejemplo de Siria, donde la situación se ha ido recrudeciendo hasta llegar a la gravísima crisis humanitaria que todos conocemos, con más de cinco millones de desplazados que tampoco encuentran cobijo en Europa. De hecho, el caso sirio representa el peor escenario tras las revueltas, ya que la represión de las mismas por parte del gobierno de Bachar Al Asad supuso el estallido del conflicto.

Los resultados no han sido los esperados. Frente a las expectativas optimistas del principio, la cuestión ha derivado en una situación desgarradora. Miles de personas tratan de conseguir un futuro malviviendo en las fronteras europeas.

Los países occidentales que inicialmente apoyaron las rebeliones, pagan hoy un precio muy alto con la llegada masiva de refugiados procedentes de los países en conflicto.

La amenaza más grande tras las revueltas árabes de 2011 es el Estado Islámico, grupo terrorista próximo a Al Qaeda, que salió fortalecido tras las rebeliones y que extiende el miedo y la muerte por todo el mundo.

Los sueños rotos de millones de personas en Egipto, las bandas armadas fundamentalistas preocupadas por hacerse con el petróleo en Libia, Yemen e Irak, y el grave conflicto sirio que día a día nos impacta, son la crónica negra de seis años de inestabilidad en el mundo árabe.

 

 

 

 

 

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