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LAS PRINCESAS PLEBEYAS

Editorial
Sociedad Internacional
La actriz Meghan Markle se casará con el Príncipe Harry.

El reciente compromiso de Enrique de Gales con la actriz y actriz norteamericana Meghan Markle va a ser el próximo enlace matrimonial entre un miembro de la realeza y una persona sin título nobiliario. Este mestizaje atípico en la historia clásica europea, se democratizó con el enlace de Rainiero III de Mónaco con Grace Kelly en los años 50.

Lejos de ser hechos aislados, estos compromisos son cada vez son más comunes y mejor asimilados por la sociedad. En el año 2003, el anuncio de compromiso entre la periodista Leticia Ortiz y Don Felipe de Borbón, por entonces Príncipe de Asturias, impactó a la sociedad española. Otras plebeyas con corona son Catalina de Cambridge, Mette-Marit y Mary Donaldson.

Sin embargo, el debate sobre si un heredero al trono debe casarse con alguien sin sangre azul vuelve a la palestra cada vez que se producen este tipo de anuncios. En ocasiones surge la duda sobre este tipo de relaciones. Hay quien piensa que no son actos de amor sincero, sino estrategias de marketing que buscan mejorar la popularidad de las casas reales, cada vez más criticadas.

En cualquier caso, nos da la impresión de que la sociedad avanza en todas sus facetas. Los últimos 70 años han sido los de la integración racial y una mayor equiparación hombre-mujer en la sociedad, aunque aún queda un largo camino por recorrer. Cada vez es más común el mestizaje entre personas de distintos estratos sociales. Poco a poco se están rompiendo los muros psicológicos que tantos prejuicios han generado a lo largo de los años.

Puede que el origen de la normalización de este tipo de extrañas parejas tengamos que buscarlo en el cine y la televisión. Aprendemos de lo que vemos, a veces mejor que de lo que leemos, e incluso el refranero popular es claro con esta premisa: “Allá donde fueres, haz lo que vieres”. Los niños juegan con coches y a los vaqueros. Las niñas a las muñecas y a las princesas. Los anuncios de televisión se lo han enseñado así.

La historia es un clásico demasiado repetido: chico conoce a chica. Se enamoran y uno de los dos pertenece a un entorno social que no ve bien al otro. Ambos deciden enfrentarse al poder establecido por su entorno cercano y, con la ayuda de un cómplice, acaban comiendo perdices.

Este tipo de películas suelen estar pensadas para los más pequeños de la casa, pero, poco a poco, normalizan situaciones que de alguna manera se convierten en el motor de la evolución social. Incluso en Star Wars, la épica saga de las Galaxias, Han Solo es un piloto que acaba contrayendo matrimonio con Leia, la princesa de la resistencia.

La Factoría Disney es la entidad que más ha colaborado con la difusión de este tipo de idas. Con el paso de los años el modelo fílmico de La Cenicienta se ha ido adaptando a la estética social de cada momento y ha mostrado como algo habitual las relaciones entre realeza y plebeyos. Todas las niñas quieren ser princesas Disney, las protagonistas de sus películas que, sin ser hijas de reyes, están consideradas como tales. Es el sueño al alcance de cualquiera.

Por eso, el 19 de mayo, la compañía norteamericana volverá a hacerlo. Con cada enlace que se produce entre un miembro de una casa real y alguien sin sangre azul por sus venas, Disney gana otra batalla en esta guerra social no declarada socialmente.

¿Qué pasará con las casas reales si Disney se decide por sacar del armario en alguna de sus próximas producciones?

 

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