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"La economía europea tiene que blindarse temporalmente para evitar una debacle"

Entrevista
Crisis Mundial
Sonia Jiménez durante su entrevista. FOTO: Gonzalo B. García
Sonia Jiménez, auditora de cuentas de la consultora Deloitte, nos ha ofrecido un poco de su tiempo para charlar. Hemos hablado con ella de la economía que tenemos, de la que se supone que hemos dejado atrás y de la que vendrá.

Sonia pone en duda todo, incluso la propia democracia de la zona común europea porque “Europa es exactamente lo opuesto a la democracia. Aunque es verdad nuestros estados miembros son democracias en su funcionamiento, la Unión Europea es una zona libre de democracia”. Y lo justifica afir- mando que “estados perfectamente democráticos han trans- ferido todas las decisiones cruciales a un centro que carece totalmente de carácter democrático. En comparación, los defectuosos y muy problemáticos Estados Unidos deAmérica son un parangón de democracia” al tiempo que cabizbajo murmulla una realidad dolorosa sobre que “este es el triste estado de nuestra Europa hoy”.

En contra de lo que la mayoría del planeta piensa, la economía, además de números, es una combinación de números, de conceptos y tiene también que ver incluso con la historia y la evolución de las cosas. Lo que está pasando en Europa se debe a que “hay cambios tecnológicos que provocan grandes cambios de civilización. Una de las razones principales de lo que está pasando es que el Estado de bienestar impuesto tras la II Guerra Mundial se volvió insostenible hace unos años” y para solucionar los problemas que estamos viviendo “Se necesitan algunos cambios estructurales, que se ve que no están haciendo, y están acudiendo a la tradicional receta del ajuste del déficit fiscal a través de aumento de impuestos o reducción de gasto público”. Cambios como “La edad de retiro debe ser mayor, porque en el pasado eran sociedades de mucho trabajo físico, con mucho desgaste y el cuerpo necesitaba parar a una edad concreta. La sociedad servicios

‘Europa es lo opuesto a la democracia’

actual reclama experiencia y conocimiento, pero no conlleva un desgaste físico asociado al trabajo. Es triste que, a los 65 años, que en la mayoría de los casos se está en un buen momento de la vida laboral, te manden a casa”.

‘La edad de retiro debe de ser mayor

Irremediablemente todo lleva a la crisis que hemos vivido durante los últimos años, el círculo crédito-producción-finanzas ha funcionado durante muchos años creando la ilusión de crecimiento, caracterizado por unos bajos salarios y una demanda interna constante. Cuando los deudores ya no pueden reembolsar los préstamos, la estructura construida a partir de esos préstamos se derrumba. Forzados a saldar sus deudas y a vender sus activos incluso a pérdida, son los llamados activos tóxicos. Sin embargo, el Euro “debe sobrevivir. Deben buscar políticas fiscales que se cumplan. Lo único que podría observar es que un tipo de cambio del euro muy alto. El dólar, a veces, se devalúa de manera consciente porque les conviene a las políticas económicas norteamericanas. En consecuencia, la economía europea tiene que blindarse temporalmente para evitar una debacle”. Por suerte “La recesión ha quedado atrás. La cuestión ahora es cuán intensa va a ser la recuperación”.

Irremediablemente, cuando se habla de una crisis mundial, dentro del mundo económico se recuerda lo ocurrido en 1929 por las consecuencias que hubo en Europa 

y luego en el mundo.

“La gran diferencia entre ambas es el paso de una gran crisis financiera a una recesión económica y seguidamente a una crisis de deudas soberanas portadora de riesgos recesivos en varios Estados. Con esto, podríamos diferenciar dos etapas de la crisis financiera: una crisis de las instituciones

La cuestión es poder medir la intensidad de la recuperación.

y una crisis de las deudas públicas en varios países de Europa. Esta gran crisis nos lleva a un impacto negativo de gran envergadura en el crecimiento de los países avanzados. A diferencia de la registrada en los años 30, la actual no es una crisis de inversión excesiva en los países avanzados ni una crisis de realización, sino una crisis financiera causada por la desregulación «salvaje» del conjunto de los mercados y, en especial, de los mercados financieros y laboral”.

Cuando se habla de futuro, “no se puede predecir cuándo ocurrirá una crisis. De ser así, todo el mundo sabría cuándo invertir y en qué dirección. A veces existen indicativos como las burbujas económicas que suelen traer consigo recesión. En estos momentos están en el punto de mira las criptomonedas, a las que se las cataloga como burbujas de inversión (como lo fueron las puntocom o el ladrillo en el pasado), especialmente cuando en la primera semana de febrero desinflaron su valor hasta un 60%. Bitcoin bajó de los 18.000 a los 6.000€ en menos de una semana. Sin embargo, fue un movimiento fruto del miedo por las informaciones que circulan en la red desde hace unos meses. Ahora, por ejemplo, está cotizando cerca de los 10.000€ por unidad. No se puede asegurar ni que sea ni que no sea una burbuja y, por tanto, la próxima crisis puede no tener que ver con este tipo de monedas. La próxima crisis se producirá cuando

‘No se puede predecir una crisis’

haya un cambio de sentimiento de los inversores. Y eso es difícil de predecir”. En esta cuestión, “los poderes públicos tienen un papel esencial, que es el de poner las herramientas para que se lleve a cabo un cambio de patrón de crecimiento. Y que este sea positivo para todos. El gran error de la UE, comparado con EE.UU., ha sido la financiación constante de elefantes blancos que lo que hacían eran aumentar la deuda de los propios países y, a la vez, generar una sobrecapacidad industrial que es ahora de media del 25%. Hemos aprendido de EE.UU., que hizo el estímulo público sobre todo a través de deducciones fiscales. En la UE podemos hacer mucho en tecnología, porque seguimos a la cola en el registro de patentes y en el número de empresas que se crean a partir de patentes”. Por tanto, podríamos evitar una nueva crisis si “estamos dispuestos a usar la capacidad de los gobier- nos para crear dinero con el que cancelar la deuda privada. Si los gobiernos generan su propia moneda y la ponen en circulación transfiriéndola a la gente per cápita, bajo las condiciones de que aquellos con deuda la pagarían y aquellos sin deuda comprarían. Eso eliminaría la carga de la deuda privada de las economías y les permitiría crecer sin la bola y sin las cadenas de las deudas privadas”.

 

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