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La Crisis que cambió Europa

Editorial
Europa
Trabajadores de ACNUR atendiendo a refugiados en Grecia
Trabajadores de ACNUR atendiendo a refugiados en Grecia.
A mediados de 2015 miles de rotativas, radios, televisiones y medios digitales de todo el mundo pusieron el foco de sus noticias en la presión migratoria que se agolpaba en las fronteras de la Unión Europea.

Más de un millón de personas, a un ritmo de 10.000 refugiados diarios, clamaban pidiendo asilo en la UE. Las fronteras de Alemania, Italia, Hungría, Grecia y de otros países del este europeo se cerraron a cal y canto, se reintrodujeron controles temporales en sus fronteras con otros Estados del espacio Schengen. Se vivieron escenas dramáticas y se conocieron de primera mano las lamentables condiciones en que vivían los desplazados forzosos. Europa se enfrentó a la mayor crisis humanitaria vivida desde la II Guerra Mundial.

Hasta entonces, los gobiernos europeos se enorgullecían de los datos estadísticos, en el que cada año crecía el número de refugiados, asilados, acogidos, reubicados y reagrupados. Pero esta crisis humanitaria fue la prueba de fuego para la recién estrenada Agenda Europea de Migración, aprobada en mayo de 2015.

Bruselas se convirtió en el centro de la actividad política europea y quedó en evidencia la diferencia normativa, la disparidad de políticas, criterios y capacidades de los estados miembros de la UE para dar respuesta a una política migratoria y de asilo común.

En septiembre de 2015 los estados miembros acordaron crear campos de refugiados en Turquía para «regular» los flujos migratorios y diseñar un Plan de reubicación y reasentamiento de los migrantes asentados en Italia, Grecia y Hungría. Este Plan no ha alcanzado los objetivos fijados y al final del plazo establecido, el 26 de septiembre de 2017, solo el 18% de los 160.000 refugiados solicitantes de asilo, 28.242, han sido realojados en diferentes países de la Unión Europea. España con 1.910 personas realojadas, apenas ha llegado al 11% de la cuota comprometida de 17.877 refugiados.

A pesar de que esta crisis ha servido para flexibilizar la rígida legislación europea de asilo y se han llevado a cabo una serie de medidas comunes, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, la ACNUR, planteó en diciembre de 2016 una serie de Recomendaciones a la UE para mejorar la protección de los refugiados y recuperar la confianza mediante una mejor gestión, colaboración y solidaridad.

Este documento insta a la Unión Europea a «superar la fragmentación y gestionar los movimientos de refugiados con eficacia y con arreglo al derecho internacional», e incide en la necesidad de una UE:

comprometida en la protección, asistencia y búsqueda de soluciones más allá de sus fronteras con un sistema de asilo sostenible, una regulación común y ayudas orientadas al desarrollo;

preparada para responder a la llegada de gran número de personas mejorando los mecanismos de evaluación, planificación y coordinación;

que proteja y gestione el acceso a su territorio a través de un sistema común de registro que priorice la reunificación familiar y la distribución interna de migrantes; y de un sistema eficiente de retorno y devolución;

que integre a los refugiados, con una mayor financiación en programas de integración, servicios armonizados y promoción de las comunidades acogedoras.

Este reto trasciende a gobiernos y ONGs. Es necesaria la implicación de actores sociales, económicos, profesionales y de la sociedad civil que permitan tejer una red asistencial que abarque aspectos educativos, sanitarios, sociales, formativos y de reinserción laboral; que propicie el aprendizaje del idioma y el desarrollo de habilidades sociales básicas que permitan a los migrantes alcanzar una plena integración en nuestra sociedad.

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