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EUROPA VUELVE A LAS ANDADAS

Editorial
Crisis Mundial
La policía protege la frontera húngara.

No es país para refugiados. Ni para inmigrantes. Eso es lo que parece pensar el recién estrenado presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tras dar un paso más en una de las promesas electorales más controvertidas de su campaña: la construcción de un muro en la frontera con México. Además, no contento con comenzar una guerra migratoria con su vecino del sur, ha firmado una orden ejecutiva, suspendida judicialmente de manera cautelar, vetando la entrada de personas procedentes de distintos países mayoritariamente musulmanes que a su juicio, considera peligrosos.

La reciente medida de Donald Trump de vetar la entrada en el país norteamericano a ciudadanos procedentes de esos siete países y de refugiados sirios, ha originado multitud de protestas en ciudades de todo el mundo.

El gobierno de EE.UU está creando un conflicto social a escala mundial. Desde sus primeras apariciones, el nuevo presidente ha provocado el rechazo de una parte de la población mundial usando un lenguaje inapropiado, atacando a la prensa, e imponiendo sus ideas firmes y autoritarias. Pero, al parecer, este no es más que el inicio de una guerra de valores, derechos y libertades, entre Trump y gran parte de la sociedad mundial.

Pero el problema está alcanzando dimensiones más próximas en este momento en el que varias naciones europeas parecen contagiarse de este espíritu patriótico mal entendido o proteccionista, replicando políticas claramente xenófobas que no hacen sino retroceder en la responsabilidad de Europa con los Derechos Humanos. Con la crisis de los refugiados sirios, todavía sin superar (casi 400.000 muertes y más de 12 millones de desplazamientos), que ha puesto de manifiesto el escaso compromiso del viejo continente con las naciones menos favorecidas y la imposibilidad de respetar acuerdos, ahora Europa mira al lado contrario de los principios humanitarios amenazando con nuevas fronteras.

Vuelve a las andadas, a ese periodo histórico más vergonzante de la humanidad, a los auges de nacionalismo. Como si hubiesen olvidado el éxodo masivo que supuso el conflicto de la II Guerra Mundial (8 millones de desplazados, todavía no llega a las cifras del conflicto sirio) y la persecución a las minorías étnicas que sufrieron en el viejo continente.

Y aun así, no solo políticos sino cada vez más ciudadanos, esgrimen razonamientos a favor de ese aislamiento migratorio. “La libre inmigración destruye la cultura nativa y reduce los salarios de los trabajadores del país” o “la inmigración incrementa el crimen”. Testimonios que demuestran que la crisis mundial, tanto económica como sociopolítica, es el argumento de más peso para todas las clases asfixiadas por las dificultades.

El partido político neerlandés de extrema derecha, “Partido por la Libertad”, encabeza las apuestas para alzarse con la victoria política en Holanda. Marine Le Pen, líder del “Frente Nacional”, escala posiciones en la carrera hacia el Palacio del Elíseo francés. En Italia y Alemania comienzan a tomar notoriedad las fuerzas populistas antiinmigración. La propia política francesa, el 21 de enero, aseguró que “asistimos al fin de un mundo y al nacimiento de otro”.

El discurso de Trump resuena en Europa impulsando los nacionalismos populistas. Los líderes de estos movimientos acogieron la victoria del magnate como si fuera propia, y es que la influencia mediática y cultural de Estados Unidos en el ámbito internacional es muy fuerte, al igual que el poder simbólico de su líder.

A pesar de todo, la sociedad responde en defensa de sus derechos y libertades, en contra de la irracionalidad con la que está actuando el gobierno de Estados Unidos. Gran parte de la población no comparte la opinión de Donald Trump o de los recientes partidos xenófobos europeos, de considerar sospechosas a las personas en función de su religión, etnia o país.

El siglo XXI es el punto de inflexión de una coyuntura que se creía descartada del ideario político. Es el momento de reflexionar sobre el rumbo que debe tomar la humanidad en su conjunto, pues no es una decisión individual de cada país. Se trata de la convivencia entre iguales en la nueva era de la globalización. Es necesario decidir hacia dónde girará la sociedad, recaer en la xenofobia y el miedo a lo diferente, o trabajar unidos para solucionar los errores del pasado que vuelven a surgir.

 

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