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BESO CONSENTIDO

Editorial
Sociedad Internacional
Beso fraternal entre el Papa Francisco y el Gran Imán Al-Azhar
Fuente: REUTERS, Tony Gentile
El Papa Francisco y el Gran Imán de la Universidad de Al-Azhar, Ahmed Al-Tayeb, considerado el principal líder islámico, rubricaron recientemente el pacto por la fraternidad humana entre ambas instituciones religiosas.

Los líderes sellaron el acuerdo con un simbólico y afectuoso beso. Un beso que aboga por el rechazo al odio. Un beso que resulta irónico y paradójico en el ámbito religioso actual. Nuevos casos de abusos sexuales se colocan en primera plana en informativos de todo el mundo. Nombres que suenan muy diferentes para una causa que ya es endémica: Alexandre Guérin, Doris Wagner o Zarifa engrosan una lista negra muy extensa. El número de afectados alcanza los 100.000 según un informe de ECA Global, una organización de supervivientes de esta lacra en todo el mundo.

Los excesos de miembros católicos, ortodoxos o islámicos han alcanzado un volumen tan escandaloso de casos que, a pesar de los grandes esfuerzos de sus respectivos líderes por ocultarlos, ha sido imposible silenciar la voz de tantas víctimas. El antaño inmaculado crédito de las religiones se ha deshilachado paulatinamente, desnudando las vergüenzas de unas instituciones que solían abanderar la castidad y la ejemplaridad.

El informe de la fiscal general de Illinois , Lisa Madigan, en el que se demuestra que la Iglesia Católica estatal encubrió los nombres de al menos 500 sacerdotes acusados de abuso sexual a menores, el comunicado de la Unión Internacional de las Superioras Generales (UISG) -expresando “profunda tristeza e indignación” por estos tipos de casos-, o el escalofriante documental “Examen de conciencia” -de Netflix-, son algunas pruebas que resquebrajan la honestidad y la transparencia de las instituciones religiosas, convirtiéndolo en un problema global.

El mediático pacto del beso incluye un apartado que velará por los derechos fundamentales de los menores, así como la obligación de condenar cualquier práctica que vulnere su dignidad. Por desgracia, llega varios siglos tarde. El aluvión de casos destapados en el seno de la Iglesia se debe, en gran medida, a la proliferación de medios digitales que permiten una mayor cobertura del grave problema. Las víctimas se cuentan por centenares en aquellos continentes donde el catolicismo ha estado presente.

Estados Unidos, España, Alemania, Chile, Holanda, Irlanda, México, Francia o Polonia son sólo algunos de los países incluidos en una lista negra que amenaza con dispararse. Sin embargo, el caso del cardenal australiano George Pell ha sido, quizás, el más perjudicial para la curia romana. Pell, ministro de Economía de la Santa Sede y número tres del Vaticano, fue declarado culpable el pasado mes de Diciembre de propasarse sexualmente con dos menores, comprometiendo incluso la imagen pública del propio Papa Francisco.

La cumbre sobre la “protección de menores” convocada por el Vaticano entre el 21 y 24 de Febrero, se antoja crucial para el devenir de los acontecimientos, puesto que, si bien el máximo pontífice aboga por atenuar las expectativas creadas en torno a la reunión, reconoce que “debe marcar un nuevo comienzo sobre la responsabilidad de los obispos, e inclusive sobre un nuevo instrumento de control".

El Papa siempre ha estado bajo la espada de Damocles. Sus ideas vanguardistas respecto al divorcio o al matrimonio homosexual han provocado la ira de sectores ultraconservadores de la Iglesia católica.

El cardenal Raymond Burke, reconocido opositor del Papa Francisco y líder de uno de los grupos más próximos a Donald Trump durante su campaña presidencial es conocido por comandar un sector tradicionalista que pidió la dimisión del pontífice tras el caso McCarrick, en el cual se acusaba al Papa de tener constancia de los abusos que este cardenal estadounidense había perpetrado.

Es probable que la imagen de Bergoglio y Al-Tayeb se quede en un gesto. En guiño tardío, tal vez. A muchos les habrá resultado frío, frívolo y un sin sentido. Una carantoña mediática con el objetivo, tal vez, de ocultar muchas otras que nunca debieron producirse. El amor es un concepto titánico que en los textos religiosos se reitera hasta la saciedad. Un amor único y absoluto hacia la figura de Dios que aparta al resto de los mortales, que no son otros que su máxima creación. Tal vez falte algún matiz, y es que, los besos, como el amor, deben ser correspondidos, nunca impuestos.

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