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Infancias robadas

Opinión
Educación y Ciencia
La mayoría suele recordar su paso por la escuela como aquellos días felices de la infancia que se atesoran para el resto de la vida, aunque no todos tienen la suerte de guardar esos buenos recuerdos. Siempre hemos escuchado “los niños son crueles” pero esta afirmación –aunque fuera cierta- no es excusa para cerrar los ojos ante el Bullying. El acoso escolar se cobra vidas.

Javier Cao Eltoro

Una de estas vidas fue la de Lucía, una niña de 13 años murciana, que un buen martes después de soportar durante años el acoso del que era objeto en su clase, decidió acabar con su vida. «Cuando iba con su madre por el pueblo, le agarraba fuerte de la mano por temor a verlos» comentaba su padre. Vivir con miedo, no querer salir de casa, son los síntomas del Bullying. Síntomas, que provocan unos niños -enfermos y con carencias- a otros niños que serán las víctimas de este juego, en el que no querrían jugar.

En la adolescencia, ese paso de la infancia a la madurez, es cuando empezamos a ser consciente de que el mundo no es como nos lo habían dibujado. Del Ratoncito Pérez y los Reyes Magos pasamos a conocer la crudeza del mundo que nos rodea.

Una crudeza que se multiplica cuando eres el blanco de todas la burlas. Cuando ir a clase se convierte en un calvario y las escuelas no ofrecen -ya sea por falta de medios o por desconocimiento- sus soluciones.

En esta ardua labor, y sin olvidarnos de que son niños, el Ministerio de Educación debe aportar un protocolo antibullying que garantice un marco de actuación en todos los centros para que en cuanto se tenga la mínima sospecha de que un menor está siendo víctima de acoso se pueda detener y que se tomen las medidas necesarias con los acosadores.

Debemos evitar que más vidas se trunquen por el abuso de unos pocos, que de manera cobarde se satisfacen con hacer sufrir y quedar por encima de otros niños. No podemos tolerar que los sentimientos más execrables del ser humano, como el odio o la violencia,  se introduzcan en la infancia de los más pequeños, que deben seguir siendo la muestra más inocente de nuestra sociedad.

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