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Sandra Mauricio: “Yo me considero una terrorista emocional”

Entrevista
Educación

Todos sabemos que la Educación está mal. “En una escuela del Siglo XIX, los profesores del Siglo XX preparan a los alumnos del Siglo XXI”. Esto nos comentaba nuestra invitada, Sandra Mauricio, haciendo referencia al desfase generacional que se está produciendo.

Sandra es una Pedagoga Terapéutica (PT) que, con 35 años, ya ha tratado con niños en colegios, institutos e, incluso, ha formado profesores en la universidad. No es una profesional común, su labor va destinada a trabajar las necesidades reales de cada alumno, como hiperactividad, dislexia, principios de autismo… Hablamos de diversidad. No todos los niños tienen las mismas características, algunos son más nerviosos, otros más callados, y hay que tratarlos para que todos tengan un buen desarrollo en la sociedad. Ahí entra la función de un/a PT, que guía tanto al alumno como a sus familias y profesores. Una vez que los niños llegan a sus manos, estos reciben una educación más personificada con ejercicios diseñados específicamente para ellos. También puede ser simplemente una charla, una petición de consejo… para ayudarlo a su desarrollo social.

Pero, ¿cómo se identifican este tipo de trastornos? Sandra nos cuenta que es algo sencillo. Cuando un niño pequeño no grita, no juega o habla susurrando, es porque algo pasa. Las clases tienen más de 20 niños, y en cuanto uno es distinto, sobresale. Siempre hay que tener cuidado al etiquetar a alguien, y más si se trata de un menor. “Los niños con autismo se suelen detectar mucho más en infantil, pero hasta primero de primaria no suele hacerse una separación especial”. Sandra nos explica que se debe al miedo a equivocarse, ya que se puede provocar un condicionante muy influyente en esa persona y después rectificar es muy complicado.

Puede que los padres no se den cuenta o no quieran percatarse, pero, el profesor, al tener más alumnos con los que compararlo, lo sabrá casi al instante. En muchos casos, cuando los padres no quieren reconocer el problema de su hijo, atan legalmente de manos a los PT, que no pueden actuar hasta tener su consentimiento. Nuestra invitada nos cuenta su “truquillo” para estos casos. No se puede informar directamente a un profesional de un niño sin el consentimiento de los padres, pero «puede pasar que un orientador venga a una clase y que se fije en un niño o una niña “por casualidad”». De hecho, Sandra nos contó una anécdota de un caso claro de asperger en una chica de 14 años. Su madre negó durante tres años que tuviese esta enfermedad porque iba bien académicamente. No fue hasta que la chica le puso un cúter a una compañera en el cuello cuando se vio obligada a ceder. Pese a ello, la mayoría de los padres son los que más se involucran, “son los más guerreros”.

Los padres no son los únicos que pueden suponer un problema a la hora de tratar con este tipo de alumnos. Hay que concienciar a los profesores de que no pueden tratar a todos por igual. “Yo me considero una terrorista emocional”, nos dice Sandra, cuando nos explica su método. Hay profesores que no entienden que no son diferentes por gusto. “Cuando hablo de disléxicos, que hay profesores que les suspenden por escribir mal, yo les cuestiono si un profesor de educación física suspende a un chaval en silla de ruedas por no poder saltar.”

En educación todos tenemos nuestras peculiaridades

También hablamos con Sandra sobre Educación. Critica que las leyes las hace gente “que no pisan las clases”, y eso es un problema. Nuestra entrevistada propone que para dignificar la educación hay que exigir más en el acceso para futuros docentes, obligarlos a ser creativos e innovar en las aulas, ya que hay muchas más maneras de dar clase que con una tiza y una pizarra.

Además, afirma que hay que dar más autoridad a los profesores, explicándonoslo con un ejemplo. Una alumna, fingiendo un ataque epiléptico, provocó una situación de estrés a una profesora, que al ver que era una farsa, reaccionó instintivamente con una bofetada. Esta escena fue grabada por compañeros de la alumna, y la profesora quedó suspendida de empleo y sueldo. “No defiendo la bofetada”, pero teniendo en cuenta que la chica realmente era epiléptica, entiende que esto pueda llegar a suceder. Debido a la falta de autoridad del profesor, esta acabó cargando, sin poder defenderse, con la denuncia de los padres y la niña continuó sus clases como si nada hubiese pasado.

Respecto a los educadores, Sandra hace una última recomendación. “Que sea vocacional. Hay trabajos que se gana mucho más, con las mismas vacaciones. Les tiene que gustar mucho. Que se lo tomen con sentido del humor. Que tengan claro que cualquier persona te enseña algo, y esto es fundamental de entender”.

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