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Mujeres: la lucha por la igualdad en la cultura

Reportaje
Culturas
La chocita del loro. Zoila Arribas Flores.
La cultura, históricamente, ha dejado a la mujer en un papel secundario. A lo largo de los años se le ha llegado incluso a prohibir escribir o actuar en obras de teatro. Hoy, las mujeres se han abierto paso en un mundo de grandes genios varones y luchan por dar a conocer su trabajo y el de aquellas que la historia ha ocultado. Sin embargo, la igualdad en la cultura está aún lejos de ser una realidad.

 

 

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A través de los años, la participación de la mujer en el arte ha sido un asunto de dificultad, invisibilidad y olvido. Para ellas, antes del siglo XX, resultaba casi imposible poder acceder a alguna academia de arte oficial y, si quería encontrar alguna manera de aprender debía contratar a un tutor particular que le ayudará a desarrollar y perfeccionar sus cualidades artísticas, por lo que si su nivel económico era bajo, le resultaba complejo poder acceder a uno. Y aunque esto fuera una razón alarmante sobre el trato que se le daba a la mujer en estos años, no era lo único que se le quebrantaba en cuanto a las artes se refiere. 

Existían muchas limitaciones que obligaban a la mujer a mantener un perfil bajo en el área artística, pues sólo se le permitía dibujar retratos familiares y piezas menores que no eran tan valoradas como un cuadro de temática histórica o mitológica de la época. En esos tiempos era imposible entrar a un concurso o participar de exposiciones, por el simple hecho de ser mujer. “Las mujeres, tradicionalmente, como seres de naturaleza no han tenido derechos civiles, no han tenido la oportunidad de ser. Ello les ha privado de estar en el ámbito de la cultura con naturalidad y con una voz propia” explica Carmen de la Guardia, profesora de Historia de las mujeres: género y violencia de la Universidad Autónoma de Madrid. 

Y aunque sirvió durante muchos años y en muchas obras como musa y modelo en cuadros de artistas (hombres) muy conocidos, por ejemplo,  “Las majas”, “Las venus”, “Las bailarinas de Degas” e incluso la tan reconocida “Mona Lisa”, pocas veces sus creaciones aparecían en grandes exposiciones u ocuparon un lugar importante en las galerías de arte. “En la pintura, hasta el siglo XX, el hombre es el artista. Un artista explora y les gusta explorar aquello que perciben como interesante, diferente, pasional, es decir, lo femenino, la propia naturaleza” explica Carmen de la Guardia. 

Sin embargo, no se trata de una cuestión de machismo, si no de relaciones de género “estas han llevado a que lo representado como masculino sea la prioridad y que ellas como seres de naturaleza sean vistas en el siglo XVI pero casi hasta la actualidad como seres que pueden desordenar, que pueden traer el mal” añade. Esto determinó que, en el siglo XVI se llegara incluso a prohibir a las mujeres actuar en obras de teatro. Por ello, no es extraño que muchas mujeres hayan tenido que ocultarse bajo el nombre de un hombre, como Cecilia Bohl de Faber que escribía con el nombre de Fernán Caballero.

"Su existencia fue ciertamente reducida en muchas épocas, pero hay un buen número de nombres de mujeres que, en cada etapa de la historia, alcanzaron una fama y un reconocimiento público que fue posteriormente silenciado”, escribe Manuel Jesús Roldán. Quien en su libro “Eso no estaba en mi libro de Historia del Arte” rescata el nombre de 14 artistas, todas ellas mujeres, que han sido silenciadas u olvidadas en algún momento de la historia. 

A pesar de las trabas, muchas mujeres consiguieron dedicarse al arte, aportando con nuevos géneros y grandes obras que lograron posicionarla en el mismo lugar que los hombres dedicados a la pintura. Mujeres como Sofonisba Anguissola, Artemisia Gentilleschi, Lavinia Fontana, Luisa Roldán y una larga lista de artistas que rompieron con las imposiciones de la época para desarrollar su talento y mostrarse en el mundo de las vanguardias artísticas. 

Ya en pleno siglo XX algunos artistas miraban de buena manera la introducción de las mujeres como pintoras, pero los hombres seguían siendo los más valorados, los críticos más famosos y los jueces más expertos, por lo que las mujeres tenían pocas posibilidades de ganar reconocimiento. No fue hasta la década de los sesenta, cuando los movimientos feministas cobraron fuerza, que la mujer pudo tener total libertad para permanecer en igualdad de condiciones con los artistas masculinos y jugar un rol importante en el campo del arte. Así lo explica Carmen de la Guardia: “el siglo XX es el siglo de las mujeres y el siglo XXI lo va a ser todavía más. Porque han logrado apropiarse de su destino legalmente y están explorando para hacerlo también culturalmente. Ahora basta que las queramos ver, que las queramos identificar, que las  miremos sin prejuicios”.

El teatro, la pintura, literatura o la música, todos estos ámbitos en algún momento han sido un espacio de dificultad para la mujer, de poca participación o, en algunos casos, abundante, pero oculta y de poco reconocimiento. Y, aunque ahora la mujer va en camino al empoderamiento y pelea por ser también protagonista, todavía se la sigue viendo como dependiente y sus creaciones, inferiores.

 

 

 

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