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En Hollywood la mujer es acosada, en India abortada

Editorial
Internacional
Yann Forget / Wikimedia Commons

“Criar a una hija es como regar el jardín del vecino”, reza el antiguo proverbio hindú que ha condicionado durante años la vida de las mujeres asiáticas. En países como India, China o Vietnam es una realidad anteponer el dinero de la familia a la vida de una hija. Según las reglas sociales de estos países, criar a una hija se trata de una “inútil inversión” pues, cuidar a una niña supone una pérdida ya que al crecer se convertirá en elemento productivo para la familia de su futuro marido. A pesar de que en 1961 la dote matrimonial fue abolida en India, el aborto selectivo siga siendo una práctica habitual en estos países porque muchas veces la tradición se lleva a cabo de forma ilegal.
En India, según los últimos datos del censo, existe entre un 12 % y un 15 % más hombres en edad de contraer matrimonio.  Lo mismo ocurre en China, donde se calcula que dentro de dos años uno de cada cinco hombres no podrá casarse por falta de potenciales esposas. Esta misma estadística que pareciera alarmar sobre el “genocidio aceptado y silencioso” que se lleva cabo con los fetos de mujeres, es discriminatoria ¿Es la función de una mujer en la sociedad ser la esposa de un hombre? El retraso social de países como India o China deja a la mujer en la misma posición que siglos atrás.
Está científicamente comprobado que el sexo del bebé es decidido por el esperma del padre, pero aun así, las mujeres asiáticas sufren gran presión social para engendrar niños. Hasta el punto de ser obligadas a abortar cuantas veces sean necesarias hasta conseguir el primogénito, como quién cría caballos de carrera y busca un padrillo. Lo curioso es que esta práctica parece estar tácitamente aceptada por la sociedad oriental, así como el hecho de normalizar que las mujeres tengan por deber ser esposas y madres.
El Gobierno Indio ha abordado la cuestión con una medida: el sistema de cunas. No solo son los abortos la causa de este desequilibrio, también las niñas pequeñas sufren de abandono. Como solución, si se puede denominar así, el estado ha establecido un sistema de cunas en las calles para que las familias que no quieran una hija la depositen en ellas. En definitiva, mientras más dinero de el primogénito, más cunas se podrán poner en las calles. La opresión cultural que sufre la mujer es friamente sostenida por el vil metal. Peligroso caballero es don dinero, escribió Quevedo y como bien dice su poema: “Nace en las Indias honrado, Donde el mundo le acompaña; Viene a morir en España…”.
Según la ONU, "la falta de mujeres en algunas áreas lleva a su tráfico desde otras regiones para matrimonios forzados, e incluso a que una mujer sea compartida por varios hermanos". En las zonas asiáticas, la figura femenina se ve aislada del entorno familiar y está obligada a concebir hijos. Estos hechos provocan el crecimiento de la prostitución y su venta.
Pero vamos hombre, aunque estas condiciones de la mujer en el mundo oriental sean arcaicas y pertenezcan a atávicos rituales, su posición en occidente no es igual de prominente que la del hombre. Es necesario resaltar que sucede del otro lado mundo, más aun cuando se trata de opresión y hasta una práctica que especialistas llaman “genocidio silencioso”. Pero que hipócrita es pensar que de este lado las condiciones son las mismas. Sí, la cuestión ha mejorado, todavía falta mucho en lo que trabajar. No es casualidad que la opresión, acoso y discriminación a la mujer haya tomado revuelo mediático en Hollywood y armado su propio movimiento, #MeToo.

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