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¿Debería ser el fin de Woody Allen?

Editorial
Culturas
El director de Hollywood Woody Allen

El primer mes de 2018 ha seguido sumando denuncias que destapan la realidad de lo que ha venido pasando en Hollywood las últimas décadas. Cuatro años después de que Dylan Farrow denunciara los abusos sexuales sufridos de niña por parte de Woody Allen sin que ninguna consecuencia cayera sobre el aclamado director, las plataformas Times up y #metoo han salido a su rescate bajo el movimiento “Dylan, yo te creo”
Numerosos casos de directores, actores y grandes personalidades del mundo del cine han sido denunciados por abusos en el último año. Personajes a los que hemos adorado y galardonado durante años sin saber la realidad de lo que pasa en el mundo del espectáculo. Y, ahora que los sabemos, ahora que las afectadas se han atrevido a denunciar, que se han unido en causas sociales de las que no podemos negar su existencia, ahora que no podemos mirar hacia otro lado, ¿ahora qué? ¿Qué hacemos con todas esas obras que estos cuestionables personajes han aportado a nuestro patrimonio cultural? ¿Qué pesa más: su valor cultural o nuestra moralidad?
Tomar una decisión implica renunciar, no se puede tener todo. Nosotros hemos optado, no sin dolor, a dejar a un lado los frutos de grandes carreras artísticas en pos de apoyar a una causa que lo merece: la defensa de los derechos de la mujer y el fin de los abusados en el mundo cultural. Boicotear a estos productos que han sido demostrados como una fuente de abusos sexuales es un mal menor por una causa mayor.
Criticar sus acciones pero seguir contribuyendo al éxito de sus carreras no es más que un acto de hipocresía que no tiene ninguna consecuencia real. Es muy fácil opinar en Internet mientras sigues disfrutando de A rainy day in New york sabiendo los quebraderos de cabeza que le ha costado a Selena Gómez.
Este simple gesto supone un apoyo a aquellas valientes como Angelina Jolie o Gwyneth Paltrow ,entre otras, que se han atrevido a denunciar a sus agresores. El hecho de que las denuncias sean escuchadas y apoyadas incentiva a las víctimas a romper su silencio.
Por otra parte, las pérdidas económicas de la censura social de este tipo de productos culturales son la mejor forma de disuadir a los futuros cineastas y actores de realizar estas prácticas; el saber que si se descubre el escándalo ningún actor ni productor de importancia querrá trabajar contigo. La crítica será más dura, el público será más reticente a pagar una entrada, nadie querrá admirar los frutos de tus abusos. Son argumentos de peso para decidir prevenir antes de curar.
El mero castigo moral no es suficiente. Las consecuencias de estos casos tienen que extenderse más allá de un simple reproche pasajero que caiga en el olvido cuando se destape el siguiente abuso. 

 
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