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Lydia Rodríguez| Hacer añicos el espejo de la enseñanza

Opinión
Educación
Los niños con los niños, las niñas con las niñas. En el colegio, los niños con un balón de fútbol y las niñas con hilo y aguja. Sin mezclarse, cada uno en el sitio que le corresponde.
 
Propio de otro siglo parecen estas prácticas segregacionistas, pero están pasando en un colegio de Alcorcón. Los pequeños están separados por sexos y de igual manera realizan sus excursiones "acordes" a si tienen vulva o pene. Recuerda a un autobús de cuyo nombre mejor no acordarse, pero ese no es el tema. Los niños son páginas en blanco a rellenar y, además, para llegar a ser libro absorben todo lo que ven. Si el reflejo que tienen en frente está construido de una manera sexista o de cualquier otra, ellos adoptarán esa postura como si de camaleones se tratasen. 
 
El famoso colegio, además, es católico y concertado. Le pilla todo. Nada más cruzar las puertas te están sumergiendo en su religión, y todo esto financiado, en parte, por el Estado. Cada familia o, mejor dicho, cada niño debería decidir sobre su ideología y religión; no se le puede inculcar un pensamiento como suyo si todavía no saben definir la palabra “pensar”. Habría que dejar que los niños entiendan todas las opciones que tienen en su mano y se conozcan a sí mismos, después que elijan el camino que consideren correcto. Y si un colegio quiere educar bajo su ideología a los niños que lo hagan con sus propios medios, no con los compartidos. El Gobierno, además, se echa piedras sobre su propio tejado subvencionando a colegios concertados en lugar de apostar por lo suyo, por lo de todos. ¿Educación laica y pública? suena bien.
 
La educación para la sociedad sería como la base de un tótem, si cae la base cae todo. Y la de España nunca ha estado en pie. 
 
 
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