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La ruptura de una brecha generacional

Editorial
Comunidad de Madrid
Una estudiante y una anciana conviviendo juntas.

Destruir muros significa expandir nuestra visión del mundo

 

Desde el inicio de los tiempos, las personas hemos buscado diversas maneras de establecer clases, diferencias, grupos, brechas entre nosotros para clasificarnos; por habilidades, por necesidades, por conocimientos… La edad, sin duda alguna, conforma una de las mayores diferencias entre individuos. Es una brecha intemporal y universal.  Sin embargo, la forma de manejar ese cisma ha cambiado con el paso del tiempo y las culturas del ser humano.

En la cultura occidental, “el anciano” ha llevado siempre consigo dos connotaciones claras: “el sabio”, es decir, una figura de erudición, con grandes conocimientos y experiencias, o, “el pobre”, un individuo alejado de la modernidad de un tiempo actual que transmite lastima y ternura. Con la llegada de las nuevas tecnologías, nuestros ancianos han quedado relegados, en su mayoría, a la segunda de ellas. La rapidez con la que evolucionan los tiempos, les ha hecho casi imposible adaptarse a una forma de vida tan diferente, y a la mentalidad que ello conlleva. Este es el motivo por el cual, esta brecha generacional es cada vez más grande, pues, a pesar de ser mayoría en nuestro país, parece ser un colectivo al cual no tenemos demasiado en cuenta.

Sin embargo, el espíritu del cambio se hace evidente en épocas de crisis política y social. Ellos, los mayores, a pesar de serlo, han protagonizado una de las mayores olas revolucionarias de la historia de nuestro país. Han salido a gritar para que se les escuche. Siguen gritando. Y no piensan parar.

Manifestación de pensionistas. Fuente; Intereconomía

“Convive” es otra parte del cambio que se está sucediendo en nuestro país. Nace de las ganas de romper barreras y compartir experiencias y conocimientos. Se trata ni más ni menos que de convivir. Jóvenes universitarios con mayores jubilados. Una experiencia enriquecedora, que destruye brechas intergeneracionales y fomenta la solidaridad y la empatía.

Este programa, impulsado hace más de veinte años por las ONG, ha logrado acuerdos con el Ayuntamiento de la capital y gran parte de las universidades públicas madrileñas. Además, ahora coge carrerilla y aterriza en poblaciones como Alcorcón, que se suman a la iniciativa. Y es que, la localidad está demostrando ser todo un ejemplo de trato a los más mayores, pues, como desde hace un tiempo, este nuevo año han distribuido la Agenda del Mayor, que reúne información útil de servicio público para ellos.

 

 

Sin duda alguna y siendo España uno de los países más envejecidos del mundo, con más de 8 millones de personas mayores de 65 años, es necesario promover desde las instituciones del gobierno, y por supuesto, desde la calle, actividades y programas que favorezcan el envejecimiento activo. De esta forma, siempre ganaremos más, pues una sociedad que tiene en cuenta el conocimiento y las experiencias de los que nos preceden, siempre será una sociedad más sabia, y el saber es lo que nos hace grandes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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