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La conciencia de las máquinas

Reportaje
Ciencia

La inteligencia artificial avanza a una velocidad vertiginosa y de forma exponencial, no lineal, los avances de la década anterior distan menos unos de otros de lo que lo harán los de la próxima década. La diferencia entre unas innovaciones y sus predecesoras es cada vez mayor. Esa distancia continuará creciendo, directamente proporcional al paso del tiempo, hasta que sea abismal.  

A pesar de esto, a los que vivimos en estos cambios nos cuesta darnos cuenta de esta evolución, porque en el momento en que alguno de estos cambios se asimila, deja de entenderse como cambio. En el caso de la Inteligencia Artificial, en el momento en que funciona, deja de considerarse como inteligencia artificial. Esto ocurre porque el término está asociado a algo futurístico, inalcanzable, así que cuando realmente se lleva a cabo, y funciona, se asimila como algo real y se desvincula de ese concepto inalcanzable. Los smartphones son un ejemplo de este suceso, estamos tan acostumbrados a ellos y lo vemos como algo tan común que no lo asociamos como Inteligencia Artificial.

Otra cosa a tener en cuenta es la forma de aprendizaje que tiene la I.A. Aprenden, o más bien asumen como verdad absoluta aquello que se les ofrece. No tienen la capacidad para desarrollar pensamientos argumentados y no son parte activa del contexto sociocultural, por lo que no pueden poner en perspectiva aquello que leen o reciben. No pueden cambiar de opinión a no ser que un agente externo inserte esa opinión en su sistema. Hay casos de robots que han aprendido a ser racistas y machistas, pero al no tener esa capacidad para contrastar lo que aprenden con el mundo en el que viven no tienen asimilados esos conceptos como negativos. La poca flexibilidad mental, el hecho de no poder desarrollar pensamientos o evolucionar es un inconveniente que puede resultar perjudicial si no se trabaja para encontrar una forma de que la I.A interiorice la evolución y los cambios sociales.

Pero este concepto de I.A. tal como la conocemos puede variar mucho con el paso de los años. La inteligencia artificial en el futuro se conocerá como una máquina automatizada con la capacidad de pensar por si misma, es decir, con conciencia, el conocimiento que tiene el ser un humano de su propia existencia, de sus estados, actos y emociones. Todo ello aplicado a las máquinas. Películas como Chappie ,Yo Robot o incluso Blade Runner explican muy bien esta idea.

La inteligencia artificial rodea nuestras vidas. Los sistemas de domótica son cada día que pasa más comunes en nuestros hogares. Imagínate un hogar controlado por tu móvil. Ahora, imagínate un hogar que sabe todo de ti, conoce tu comportamiento, lo que te gusta y lo que no, y te hace todas las tareas básicas del hogar sin necesidad de que tú le des ordenes de ningún tipo. Ese es el temor que tienen muchos, porque no es bueno necesariamente.

Basándonos en la idea de la inteligencia artificial programada, es decir, la que no tiene conciencia, poniéndonos en un caso extremo en el que la I.A. dominara el mundo, esto supondría un problema, porque se regularía conforme a lo que las máquinas hubieran asumido como cierto, o según lo que un programador le hubiera enseñado a través de líneas de código. Cuando las máquinas sean capaces de pensar por sí mismas, puede aumentar el problema o disminuir, todo ello depende de como decidan comportarse las máquinas. Y esa idea es algo que escapa al actual conocimiento del ser humano.

Otra hipótesis nos plantea la siguiente duda. Si el ser humano consigue crear máquinas con autoconciencia, surge la duda de si podríamos distinguir si realmente la tienen, es decir, que dentro de ese cuerpo hecho de piezas de metal, cables y circuitos hay un ser que siente, o si por el contrario lo único que hay es una perfecta recreación de un ser que siente, pero no siente como nosotros, no  puede enamorarse, no se pone triste, no odia, como si realmente hubiera un ser sin alma ni moral.

¿Sería capaz una máquina de convivir en una sociedad? La respuesta es incierta. Todo ello depende de su comportamiento. Y del nuestro. A día de hoy, gran parte de la carga del sector de la industria recae sobre las máquinas desde hace algunos años. Esto no provoca precisamente una reacción positiva en las personas, que se ven frustradas sin capacidad de réplica ante un despido porque su mano de obra ya no es necesaria. Quizá dentro de un futuro a medio o largo plazo nos encontramos ante una guerra entre ser humano y máquinas, puesto que una máquina con conciencia podría quitarle el trabajo no sólo al sector de la industria, sino también a personas que trabajan en el sector servicios. O incluso pudiera haber máquinas que crearan sus propias máquinas, provocando una imagen de un hipotético mundo apocalíptico como se ve en la trilogía Matrix.

Visto así, los problemas a los que nos enfrentamos día a día en la actualidad son minucias comparando con lo que se nos puede plantear en un futuro. Aprovechemos que actualmente la ciencia y la tecnología nos sirve para mejorar al ser humano y centrémonos en mejorar como personas.

 

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