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EMPRESA A LA FUGA

Editorial
Economía
Empresas se trasladan a la capital tras el DUI. D. Delgado

Abandonen el barco. Sálvese quien pueda. Every man on his own... Este mensaje y otros muchos igual de apocalípticos parecen gritar los medios españoles desde hace meses al hablar de Cataluña. Nuestro Beetlejuice particular, que aparece en los televisores si es nombrado tres veces, se está viendo vaciado de turistas y magnates ante la posibilidad de que la DUI se lleve a cabo. Las empresas marchan en un éxodo semi-voluntario hacia la España del interior, la "España de bien".

3208 empresas han trasladado su sede social de Cataluña a diversos puntos de la península como consecuencia de la incertidumbre política y el control de riesgos que deben imponer tras la caída del Ibex35 provocada por el desafío independentista. Nadie querría seguir el ejemplo de Sabadell y CaixaBank y perder 3 000 millones de un plumazo. Y como es mejor prevenir que curar, las empresas tienen poco que perder y mucho que ganar marchándose a Valencia (639 empresas) o, sobre todo, a Madrid (2 547 según el Colegio de Registradores Mercantiles).

Y es que este cambio del que tanto se ha hablado tiene más de simbólico que de terminal. Es un aviso de las empresas a Cataluña en esta castiza Guerra Fría que llevamos viviendo desde hace meses. Como cuando EEUU colocó misiles de largo alcance en Turquía. Las sedes físicas y sus trabajadores originales poco notan este cambio, la tributación es similar en cualquier parte ya que todas pasan por las manos de usurero de Montoro y su Hacienda y el único beneficio real se lo pueden llevar los mandamases de las empresas, ya que el IRPF y el Impuesto de Patrimonio de su residencia personal sí varía de una comunidad a otra.

La propia Cataluña es la que más afectada se ve con estos primeros momentos de asedio tras su tentativa independentista; pero más que por la salida de empresas es por la desconfianza generada y la pérdida de turismo. Esos beneficios pasan a las comunidades destino, que ganan en tejido empresarial, protegen a los inversores y ahorradores del país con el Fondo de Garantía de Depósitos y el BCE, y generan empleo entre la población local.

Naturalmente, la gran urbe sobre la que han puesto sus ojos ha sido Madrid. Todas las facilidades por su capitalidad, el transporte aéreo desde Barajas o el mayor dinamismo del mercado laboral resultan cebo vivo para los hambrientos empresarios. El beneficio de estas condiciones ha llegado a toda la comunidad, y hasta el humilde Alcorcón va a recibir, según su alcalde David Pérez, a una empresa del sector hotelero y a otra del gas provenientes de Cataluña. La reducción de impuestos y la congelación del IBI de las empresas son la guinda del pastel.

Aun con estas dos nuevas incorporaciones, que se suman a las 200 entidades que se instalaron el último año en Alcorcón, el paro ha subido a un 11.69% y la diferencia salarial ya va por el 58% en el municipio madrileño según la Consejería de Empleo de la Comunidad.

Y es que seguimos viendo la economía nacional a nivel macro-, pero no micro-. Los gobiernos buscan allanar el camino de las empresas y darles cuantos privilegios y facilidades sean posibles, sin concebir si quiera cuál es la situación de los trabajadores. La reforma laboral del 2012 cumplió el dicho de "empresario feliz, economía feliz" y las mayores ganancias lo confirman. Pero, ¿a costa de qué (o de quién) se consiguen esas ganancias? ¿Cuáles son las condiciones de esos nuevos trabajos que se generan y se destruyen? ¿Es tan mala la situación de los pequeños municipios que cualquier cosa que no sea ir a peor la consideramos una mejora?

Debemos olvidar el circo político y los enfrentamientos absurdos y empezar a pensar en ese 99% que forma España, que ha sufrido realmente la crisis económica y las consecuencias del desafío independentista y que ahora empiezan a salir del pozo o sigue aferrándose para no caer. El viejo tío Gilito dejaba claro que la riqueza de uno no supone el beneficio de muchos, y que el capitalismo no se construyó sobre la solidaridad y la comprensión.

España no es una bandera, una ideología o un sentimiento. España es su gente, y ya va siendo hora de que también se piense en la economía micro-, la de estar por casa. En Cataluña o en Madrid, se debe pensar en el beneficio de los gobernados y no de los gobernantes.

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