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Con la música a Madrid centro

Editorial
Comunidad de Madrid
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Un grupo de músicos tocando en Madrid (Autora: Iria Galego)
El nuevo decreto sobre la música callejera del Ayuntamiento de Madrid ha suscitado varias protestas de las Asociaciones de vecinos del centro de la ciudad.

El Ayuntamiento de Madrid aprobó el jueves pasado un nuevo decreto sobre la música callejera en el centro de la ciudad. Dicho decreto no solo ha establecido un horario plausible y acotado una serie de calles y plazas con un perfil comercial en las que los músicos podrán tocar, sino que también les permitirá volver a disponer de autorizaciones semestrales para tocar en el centro sin necesidad de pasar un examen, como obligaba la anterior normativa del PP.

El principal objetivo de esta nueva medida es paliar la degradación que sufría una muestra identitaria de la ciudad (como es la música callejera) y convertirla en una manifestación cultural. El decreto será, por tanto, positivo para mantener un aspecto cultural interesante y llamativo de Madrid, y permitirá hacerlo, además, evitando al máximo las molestias a los residentes.

Es evidente que la medida no ha sido acogida por todos con la misma calidez o el mismo entusiasmo. La Coordinadora de Asociaciones de Vecinos del Centro podría englobarse en el grupo de la cautela tal vez ligeramente quisquillosa. Su principal preocupación no solo se centra en el impacto que pueda tener la aplicación del decreto en la vida de los residentes, sino más bien en la implicación del ayuntamiento en cuanto a cumplir su propia normativa, escudándose en evitar que “se pisoteen los derechos de los ciudadanos”. También tiene unas duras palabras sobre “la deriva imperante de la desregulación del espacio público en la ciudad”, algo que podría considerarse una exageración si se tiene en cuenta que hablamos de música callejera, no de un asunto más peliagudo u oscuro. El Ayuntamiento, por su parte, ha insistido en que velará especialmente por la aplicación de la norma, una vigilancia que se hará patente en la persona de la Policía Municipal, que ya prevé sanciones para aquellos que la incumplan (suspensión de la licencia, por ejemplo).

Lo cierto es que la propuesta del Ayuntamiento para legitimar la música callejera no suena nada mal. La normativa distingue entre zonas residenciales y comerciales, y acota unos horarios asequibles que no parecen crear una molestia gravísima: en las zonas residenciales, los músicos podrán tocar de las 12 a las 14 del mediodía y de las 18 a las 20 (las 21 en verano). Solo en los recintos comerciales podrán actuar hasta las 23 horas, algo que, en opinión de este medio, es normal y natural en cualquier otro espacio de ocio, como bares y restaurantes que imperan en la zona. Quejarse por estos horarios, teniendo en cuenta el frenético ritmo de vida que llevamos en España, es ciertamente hipócrita. Nuestro prime-time televisivo, por si alguien todavía lo duda, se acerca más a las 23 de la noche que a las 21 como en el resto de países europeos.

La Coordinadora Vecinal, tan preocupada por la desregulación en el ámbito público, debería ofrecer un voto de confianza a un Ayuntamiento que no debe defraudar con este intento de, valga la ironía, regular la música callejera en el ámbito público.
 

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