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Antonio Pampliega: “La indiferencia mata tanto o más que las balas”

Entrevista
Internacional
Coltán, el comunmente llamado "mineral de sangre" P.Jurewicz
Entrevistamos a Antonio Pampliega, periodista freelance, que nos cuenta acerca del conflicto en las minas del Coltán situadas en el Congo.Nos cuenta lo que ha experimentado de primera mano mientras trabajaba en su reportaje "Coltán, mineral de sangre".

Periodista, fotógrafo y escritor, Antonio Pampliega (Madrid, 1982) es un ejemplo de superación y de valentía tras haber estado secuestrado 299 días por el Estado Islámico en Siria junto a otros españoles.

 

En mayo de 2015 el periodista recibió el Premio de la Buena Prensa a la mejor serie de reportajes por su trabajo en Alepo para El Mundo y fue finalista en otra de las categorías por Los niños perdidos de Alepo, un reportaje publicado en El País.

 

Su último proyecto ha sido un reportaje acerca del conflicto en las minas de coltán, en el Congo. Durante una semana, Antonio vivió y pudo observar la otra cara del negocio del coltán, el llamado “mineral de sangre”. El reportaje lo podemos encontrar en la página web de Cuatro.

 

Pampliega explicaba que “el coltán se ha convertido en algo muy importante en el mundo actual por ser un superconductor que se usa, sobre todo, para la telefonía móvil y los smartphones. Está compuesto por la unión de dos minerales, el tantalio y la columbita, lo que provoca que nuestros teléfonos sean mucho más pequeños, ligeros y resistentes a altas y bajas temperaturas.”

 

Una vez que el coltán se extrae de las minas, existen dos caminos que recorre hasta llegar a un dispositivo electrónico. “Primero estaría el camino legal, a través de las minas que tiene bajo tutela el gobierno, 120 de 5000. Después, estaría el camino ilegal, que es como realmente sale el coltán del Congo. De todas las minas ilegales que hay, el coltán se lleva hasta la frontera con Uganda o con Ruanda y allí se limpia, es decir, se consiguen papeles falsificados de procedencia del coltán.”

 

En la República Democrática del Congo se encuentran las reservas más grandes que existen de coltán.

 

         

         Se estima que el 80% de los yacimientos se sitúan en suelo congoleño, “esto hace que esté muy centrado en un sitio y que sea escaso. Se le califica mineral de sangre porque las grandes multinacionales financian el derramamiento de sangre con la venta ilegal de este mineral. Las condiciones laborales de los trabajadores son lamentables. Trabajan 14 o 15 horas por uno o dos euros al día. La mayoría son menores de edad o mujeres embarazadas sin ningún tipo de seguridad”.

 

El ejército rebelde secuestra y obliga a muchos niños de temprana edad a trabajar y a jugarse la vida en las minas. Antonio Pampliega entrevistó a uno de estos niños esclavos y esta fue su observación: “Personalmente entrevisté a un chico de 12 años y es el más joven que he visto. Tenía la altura ideal para meterse dentro de los agujeros excavados en la tierra desde donde se extrae el coltán. Cuanto más pequeños, mucho mejor para trabajar en sitios más angostos.”

 

No solo los niños son el objetivo de los guerrilleros. En el caso de las mujeres, se calcula que más de medio millón de éstas han sido violadas en la República Democrática del Congo en los últimos años. En concreto, 48 mujeres son violadas cada hora.

 

Las consecuencias para una mujer violada en el Congo son varias. “La primera estigmatización es que el marido la eche de casa acusándole de prostituta. La segunda, es que pueda quedar embarazada. Obviamente el aborto allí no existe. Si el marido la perdona, vuelve a casa pero con la condición de abandonar al crío.”

 

El tono de Pampliega cambió. Mostró con rabia que cuando una mujer es violada en el Congo, “lo mínimo que le puede pasar es contraer enfermedades de transmisión sexual, como el SIDA.”

 

Durante su viaje por la República Democrática del Congo, Antonio Pampliega visitó una casa de acogida para mujeres violadas o abandonadas por sus esposos. Allí entrevistó a una mujer y recuerda que “me dijo que tardó una semana en decírselo a su marido por miedo. Al final todos sus temores se hicieron realidad. Se lo contó y él la expulsó de la casa junto a sus hijos.”

 

Al preguntarle si el existe algún tipo de ayuda para este tipo de mujeres, Pampliega se sinceró con nosotras. “Al Estado Congoleño no le importa nada lo que le pase a las mujeres. Le da absolutamente igual, ni las mujeres congoleñas ni los casi 40 mil niños que viven en la calle. El Estado Congoleño es un estado corrupto, un estado fallido, que lo único que les interesa es enriquecerse a través de la venta ilegal de coltán.”

Teniendo en cuenta todo el sufrimiento que se sabe que hay detrás de la extracción del mineral calificado como “el mal del Congo” los países consumidores de productos o dispositivos electrónicos que incluyen coltán, no se han planteado hacer ningún tipo de legislación para mejorar la situación. Pampliega afirma que “el problema reside en que en Occidente no somos conscientes del precio que estamos pagando por el coltán y el sufrimiento que estamos generando en el pueblo congolés para que nosotros tengamos un dispositivo móvil. Estados Unidos, en 2014, a través de la ley Obamacare, exigió a sus grandes multinacionales que proporcionasen información sobre la procedencia del mineral que especificara que es coltan limpio y no manchado de sangre.”

 

Los medios de comunicación son una herramienta clave para dar visibilidad sobre lo que ocurre en cualquier parte del mundo, pero, en este caso, “el periodismo congoleño, y el periodismo en general, no están haciendo un buen seguimiento de la guerra.” “Nadie en su casa, después de llevar 12 horas trabajando con un sueldo de mierda, cansado, se quiere sentar en frente de la televisión para escuchar más penurias y ver como niños negritos están muriendo en las minas de coltán para que tengamos un dispositivo móvil. Por más que nosotros intentemos abrir una ventana y explicar de dónde procede el coltán, la gente mira hacia otro lado. Yo siempre lo digo, la indiferencia mata tanto o más que las balas.” asegura el periodista madrileño de una manera tajante.

 

Al preguntarle si en un futuro la República Democrática del Congo podría conseguir el control total de sus minas, Antonio negó tajantemente. “La guerra del Congo está financiada indirectamente por la grandes multinacionales que compran el coltán 15 o 20 veces más caro de lo que cuesta. Las grandes empresas lo que quieren es hacer dinero, si pueden pagar 4 no van a pagar 100. En definitiva, la República Democrática del Congo paga y financia las guerrillas armadas. Por eso en ningún momento les interesa que el país sea estable.”

 

Tras su investigación de las muertes y el éxodo masivo en este país por las mafias vinculadas a la extracción del coltán, la conclusión a la que llega es que “no sabía que estaba tan mal. Me ha sorprendido el grado de violencia que existe, me he quedado anonadado de lo que he visto allí. Para mí, después de estar allí una semana, creo que ese país no tiene solución. Todo el sistema es corrupto, desde el funcionario que te hace un visado hasta los ministros. Espero que, con tiempo, educación, y con voluntad, la situación cambie.”

Al despedirnos, Antonio quiso ofrecernos unos consejos que seguro que nos servirán de mucho en nuestro camino como periodistas. Tenéis que armaros de paciencia y estar dispuestos a sacrificaros y sacrificar muchísimas cosas. A mí, por desgracia, para llegar a ser lo que soy hoy, me han tenido que secuestrar. Si no me hubieran secuestrado sería uno más, un periodista anónimo. Mi consejo es que si realmente os queréis dedicar al periodismo, a cualquier tipo de periodismo, mucha paciencia y no dejéis nunca de luchar.”

 

 

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