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"Si no quieres sufrir, no te vayas de Erasmus"

Entrevista
Sociedad
Andrea Santamaría y Sofía Zapatero. Autor: Andrea Aponte
Miles de estudiantes europeos cursan sus estudios cada año en universidades extranjeras gracias a la beca Erasmus. España es el país preferido como destino y el tercero que más estudiantes envía... ¿Cuáles son las razones de la popularidad del programa?

“Emocionante, increíble e inolvidable, en definitiva, la mejor experiencia de mi vida”. Con estas palabras resume Sofía Zapatero, estudiante de Marketing de la Universidad Rey Juan Carlos, su experiencia Erasmus. Desde hace varios años, desde que estudiaba Bachillerato, soñaba con tener una experiencia de estudios en el extranjero y, en cuanto pudo, solicitó la beca. “Creía que estudiar fuera de España me permitiría sobre todo abrir mi mente, olvidarme de los prejuicios y aprender a vivir en un ambiente internacional, y no me equivocaba”, dice.

El programa Erasmus nació en 1987 y facilita la movilidad académica de estudiantes y profesores universitarios dentro del Espacio Económico Europeo, Suiza y Turquía. El Ministerio de Educación ayuda a todos los estudiantes elegidos con dotaciones de 300, 350 o 400 euros al mes, dependiendo del costo de vida del país de destino. Sofía viajó a República Checa y reconoce que las becas ayudan con los gastos pero destaca que no se suelen recibir hasta los meses finales de la estancia: “Mi Erasmus terminaba en enero y fue en diciembre cuando recibí la totalidad de la ayuda”.

Por esta razón, recomienda a todos los estudiantes interesados en el programa que investiguen y se informen muy bien antes de tomar una decisión. Resalta, además, que este trabajo de búsqueda de información deberá hacerlo el alumno por su cuenta, ya que en las universidades explican de forma muy general el proceso. “Es labor de cada alumno mirar en las páginas web de las universidades ofertadas, y si es necesario contactar con ellas para saber si las asignaturas que imparten son compatibles y se pueden convalidar. Esa es una de las cosas más importantes a tener en cuenta”, explica. Los coordinadores que nombran las universidades solo se encargan de firmar el learning agreement, acuerdo por el que el alumno se asegura de que a su vuelta le reconozcan los estudios realizados en el extranjero.

Sofía reconoce que gracias al Erasmus ha podido conocer otro sistema educativo, otra forma de enseñar y de aprender. Cree que esto puede enriquecer mucho tanto a los alumnos como a los profesores que participan en el intercambio, pudiendo adoptar las rutinas que les parecen mejores que las de su país de origen. Sin embargo, la alumna cree que la riqueza de la experiencia va mucho más allá del estudio: “He pasado en República Checa los mejores meses de mi vida, he convivido con gente de muchísimos países, aprendido de sus culturas y formas de vida. He probado cosas nuevas y me he vuelto una persona mucho más abierta e independiente. He sido feliz con mayúsculas”, cuenta emocionada.

En las ciudades de destino encuentran a personas que, como ellos, están deseando conocer gente, disfrutar al máximo de la experiencia y viajar. Personas que, siendo al principio completos desconocidos, se convierten en amigos que conservarán de por vida. “No hay día que quisieras hacer algo y no hubiera ningún plan, no tenías tiempo para aburrirte”, explica Sofía. Por esta razón, a la vuelta casa, muchos estudiantes se identifican con la llamada depresión post- Erasmus, estado en el que el joven se deprime pensando en que los mejores meses de su vida han acabado y en que seguramente nunca pueda volver a vivir algo parecido. “Yo suelo decir a los amigos que me preguntan que si no quieren sufrir, no se vayan de Erasmus. Son bromas. Es cierto que a veces te preguntas si la experiencia compensa el echar tanto de menos, pero enseguida te das cuenta de que sí, de que la repetirías una y mil veces”, termina Sofía.

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