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Pasteles de siempre, negocios que cambian

Entrevista
Economía
José Ignacio, propietario de la confitería más antigua de la ciudad, nos abre sus puertas para conocer los paradigmas del comercio minorista ante la actual concentración de la clientela en las grandes superficies.

 

 

 

 

Juan Ignacio atiende a sus clientes desde el mostrador

Entre los rosados tonos del frío atardecer de febrero, la Plaza Cervantes se alza en el centro del casco histórico de Alcalá de Henares, resaltando la elegancia del escritor alcalaíno de pluma y espada. A paso ligero desde el monumento, a unos pocos metros desde el inicio de la Calle Mayor, se encuentra en el número 78 de la calle lateral la confitería “Maiig” -la más antigua de la ciudad-.

Los brillantes tonos resplandecen e inundan la vista desde el escaparate, atrapando la atención, el gusto y el olfato de los amantes de la repostería tradicional. Varios transeúntes se paran a mirar, señalando los pastelitos que recuerdan a las tardes de café en el pueblo o los caramelos de miel y limón que la tía Carmen regalaba cuando la bufanda no era barrera para el frío. Es inmediato; los recuerdos, la nostalgia y la alegría concentrados en la esquina de una calle.

Sus muros llevan en pie desde 1966, pero su antigüedad no se refleja en la estética de la fachada; que hace alusión a un gusto por lo tradicional que recuerda, más o menos, a esa época en la que, a falta de un Smartphone, la ilusión de los sábados era gastar cinco pesetas en una bolsita de regalices.

Desde el escaparate, José Ignacio selecciona con unas pinzas la napolitana de crema que un niño codicia con la moneda ya en la mano, y la envuelve en papel antes de entregársela. A través del cristal de las gafas, unos ojos cansados nos devuelven el saludo: Son las siete de la tarde y lleva cerca de catorce horas tras el mostrador. “La vida del autónomo”, resume. Y una pequeña risa escapa de sus labios, entre la simpatía y la resignación.

La confitería Maiig lleva abierta a los alcalaínos y turistas 51 años, cuando el padre de José Ignacio decidió fundarla. Por aquel entonces, casi todos los comercios eran pequeñas tiendas. Ahora las grandes superficies se han adueñado del bolsillo del consumidor por los bajos precios; fruto de las economías de escala, el abaratamiento de la mano de obra, la crisis financiera y la producción en serie. No fue una cuestión que tuvo que afrontar su padre, pero es el día a día de José Ignacio.

“El cambio de modelo nos ha afectado mucho. La forma de sobrellevarlo es centrarse en lo tradicional para dar un servicio único” –asegura, colocándose la montura de las gafas sobre el puente de la nariz-, “Nosotros somos pasteleros, elaboramos nosotros mismos los productos que vendemos, por lo que la calidad es la baza que jugamos para diferenciarnos de la gran competencia”.

Y es que no muy lejos de allí, parece que la clientela se concentra en la plataforma “Carrefour” o en la franquicia pastelera “Granier”, y que lo artesanal repele por la presunción de caro. “En las grandes superficies hay mucho punto caliente", es decir, negocios que su única labor es cocer lo que ya viene prefabricado. Pero lo que venden es barato. "La única forma de sobrevivir es confiar en un público que valore la calidad de los productos que no pueden tener los de una cadena de distribución”.

 

Un negocio que evoluciona

José Ignacio acaba de cumplir 59 años. Desde que se convirtiera en el responsable de la confitería desde la tierna mayoría de edad, asegura que se ha reinventado para adaptarse a las nuevas exigencias del mercado. “Las recetas tradicionales se mantienen, pero es necesario reciclarse y conocer nuevas formas culinarias que sean del gusto, o a petición, del comprador”.

Otra faceta de la sociedad de nuestra época es, cómo no, la digitalización y el uso de las redes sociales como mecanismo de márketing. “Claro que tengo página web, pero… no la llevo yo”. Desvía la mirada, desinteresado en una cuestión baladí y, según deducimos, irrelevante para su negocio, que se ha mantenido firme durante cuarenta años sin existir Internet.

Sin embargo, no es por la antigüedad por lo que esta pastelería sigue en sus cimientos. Hay diversos factores que influyen en que, a día de hoy, una pequeña pastelería de barrio no caiga en los angustiosos números rojos. José Ignacio no duda al considerar que, junto a la calidad, es determinante la ubicación del local (en su caso, el centro de una ciudad histórica, de letras y célebres personajes), la fama de lo pionero, el turismo de día y el retorno del que decide repetir.

 

Un futuro incierto

Con el paso del tiempo ha ido aumentando la oferta en este sector. Muchos centros comerciales, así como gran cantidad de establecimientos, cuentan con una enorme variedad de productos a precios asequibles para todo tipo de bolsillos. No obstante, la mayor preocupación de José Ignacio de cara al futuro son las nuevas generaciones. Concretamente, habla de sus hijos, que serán los encargados de continuar con el complejo pero satisfactorio negocio familiar, y asegura que “los jóvenes de hoy en día no están dispuestos a realizar un trabajo tan sacrificado”.

Tras un profundo suspiro, José Ignacio confiesa que son muchas horas las que le dedica a su pequeña empresa, pero entiende que siempre que te guste tu trabajo y lo hagas con ilusión, puedes conseguir todo lo que te propongas. Ha conseguido mantener abierta esta pequeña pastelería de barrio durante más de 50 años, y al mismo tiempo, ha pasado de ser un mero aprendiz de su padre a convertirse en el corazón del negocio, algo hoy en día indispensable.

“Los autónomos somos polivalentes. O te adaptas o no sobrevives” –afirma José Ignacio tajantemente-. No sólo se encarga de crear sus característicos pasteles y tartas, sino también de la tienda, del trato con los clientes y del reparto correspondiente del sueldo y las tareas con todos sus trabajadores, entre otras muchas cosas.

La vida del autónomo es bastante compleja, las trabas con las que se encuentran son mucho mayores comparadas con las de años atrás. “Cada vez estamos más controlados. Todo el mundo, no solamente los autónomos, cualquier persona física. Nos tienen controlados al milímetro”, asegura José Ignacio mientras su rostro muestra cierta preocupación. Al final, hay que dividir el pastel en demasiadas porciones: Hacienda, sueldos de los trabajadores, agua, luz, alquileres, materia prima, etc.

No obstante, a pesar de que ha sido un largo camino lleno de grandes esfuerzos y sacrificios, José Ignacio no puede estar más orgulloso de los resultados obtenidos: “Para que funcione tu negocio tiene que gustarte este oficio y disfrutar con lo que haces. Si lo que buscas es montar un negocio para ganar dinero y no te gusta tu propio trabajo, da por hecho que está destinado al fracaso”.

 

Comentarios

Muy buena redacción y muy interesante el tema. Desde luego, hay que cuidar más a los autónomos y mantener sitios caseros.

La historia de Jose Ignacio es la historia de muchos autónomos que cada día trabajan duro para abrir su negocio y para reinventarse; para sobrevivir. El futuro de los pequeños negocios tradicionales pasará necesariamente por la consolidación de una marca, el desarrollo y comunicación de un trabajo de calidad y el impulso que hoy permiten las redes sociales. 

 

Muy buena redacción. Me han gustado mucho las descripciones y, sobre todo, el hecho de que muestre la realidad a la que hacen frente muchos pequeños comerciantes. 

La historia de Jose Ignacio es la historia de muchos autónomos que cada día trabajan duro para abrir su negocio y para reinventarse; para sobrevivir. El futuro de los pequeños negocios tradicionales pasará necesariamente por la consolidación de una marca, el desarrollo y comunicación de un trabajo de calidad y el impulso que hoy permiten las redes sociales. 

 

Muy buena redacción. Me han gustado mucho las descripciones y, sobre todo, el hecho de que muestre la realidad a la que hacen frente muchos pequeños comerciantes. 

Muy acertado el tema elegido! Estoy totalmente de acuerdo con Klaudia, los autónomos y los negocios tradicionales deben y merecen recibir más apoyo. 

Muy acertado el tema elegido! Estoy totalmente de acuerdo con Klaudia, los autónomos y los negocios tradicionales deben y merecen recibir más apoyo. 

Estoy totalmente de acuerdo con todos mis compañeros, las multinacionales se están haciendo cada vez más con el terreno comercial y debemos mantener los pequeños comercios que trabajan con esfuerzo para salir adelante, pues son ellos quienes apuestan la mayoría de las veces por los productos caseros y la calidad.

¡Excelente trabajo! Es una lástima que la proliferación de las grandes superficies amenace la supervivencia de establecimientos tradicionales tan encantadores como este.

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