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La URJC apuesta por los Derechos Humanos desde la sede de la Comisión Europea

Editorial
Migración
Clausura del Taller de DDHH de la URJC. Sala Europa.
Los fanatismos y la insolidaridad de los países está haciendo mella en los valores y principios con los que fue forjada la Unión Europea

La Universidad Rey Juan Carlos ha celebrado varios talleres para hablar de la comunicación y los Derechos Humanos en el contexto de la Unión. El objetivo fue debatir la cobertura mediática que tiene la vulneración de estos derechos y si las instituciones internacionales protegen a los damnificados. Para ello, contaron con representación de diferentes organizaciones como la Oficina de DDHH de la URJC, Amnistía internacional, Reporteros sin Fronteras, Comisión Europea, y el London Centre of International Law Practice.

Dividida en cuatro sesiones, los alumnos pudieron asistir a las ponencias de distintas personalidades y realizar informaciones acerca de los Derechos Humanos. La última sesión de los talleres se realizó en la sede de la Comisión Europea en Madrid. De esta forma se aprovecharon los sesenta años que, este año, celebra la Unión Europea de la firma de creación del Tratado de Roma de 1957.

Los principios que se establecen en el Tratado de Roma fueron una causa directa de los recogidos en la Declaración Universal de los Derecho Humanos, proclamada en la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948 en París y ratificada por la mayoría de países. Desde entonces la dignidad, la libertad, la justicia y la paz, que reza su preámbulo, han sido los principios que han regido todas las relaciones que los países han establecido entre sí. Además, las naciones se comprometieron a respetar la declaración y a velar por su cumplimiento.

Pero, casi setenta años después, las bases de aquel acuerdo están en cuestión. Aunque los expertos señalan que el contexto que alumbró aquel acuerdo es bien distinto al actual, lo cierto es que, en la actualidad, hay un mayor número de guerras que en los años cincuenta.

La Unión Europea, por su parte, recoge en el artículo tres de su Tratado de Constitución que promoverá la Carta de Derechos Humanos de la ONU, y en su artículo seis reconoce esos mismos derechos con la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea. De esta forma, la Unión asimilaba el contenido de dichas declaraciones, haciendo de ellas las bases y principios básicos para confeccionar una unión de países soberanos con pleno respeto y reconocimiento a esos derechos. Pero en los últimos años esos principios se han ido deteriorando, incluso en Europa, la cuna de la civilización occidental.

Los fanatismos y la intolerancia de tiempos pasados, con los que los países de la Unión Europea tuvieron que lidiar, han resurgido tras los movimientos migratorios masivos. La llegada de los refugiados a Europa ha ocasionado una ruptura en la sociedad europea, y esto ha provocado que la insolidaridad se adueñe de las instituciones que una vez prometieron defender a los débiles. Además, la difícil situación económica que atraviesa desde hace casi diez años la Unión no ha ayudado a extender un clima de tranquilidad en la ciudadanía. Hechos que han aprovechado partidos políticos euroescépticos para fomentar el odio hacia los inmigrantes. Esto ha causado una disyuntiva entre la defensa de principios que han sostenido la mayor época de paz en Europa y los discursos racistas y xenófobos.

Tema aparte es el del miedo que sostiene las posiciones conservadoras de quienes quieren cerrar vallas, construir muros y dividir personas.

Por ello, la Unión Europea necesita, ahora más que nunca, posturas valientes llenas de esperanza, como la del Taller de Comunicación en Derechos Humanos, para combatir los extremos con cooperación, participación y solidaridad, y recuperar los valores que la inspiraron hace sesenta años.

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