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La industria española: ¿frenazo o simple desaceleración?

Reportaje
Economía
Fábrica de Ford en Almussafes. EFE
Horas bajas para la industria en España, que sufre su mayor recesión desde 2013. El desmantelamiento industrial y los anuncios de cierres preocupan. Dejan atrás una herida profunda en la economía, principalmente en pueblos que dependen en exclusiva de una empresa o sector

Con una hipoteca por delante y la falsa promesa de un puesto de trabajo durante 20 años: así se han quedado los más de 300 trabajadores despedidos este pasado enero debido al cierre de dos de las plantas de la multinacional del aluminio Alcoa en A Coruña y Avilés. “Nos sobran motivos para estar enfadados. Alcoa está dejando sin futuro a nuestros hijos”, lamentaba Juan Carlos López Corbacho, presidente del comité de empresa de Alcoa. Pero este caso no es el único. La fábrica de Vestas en León, La Naval de Sestao o Siemens-Gamesa en Miranda de Ebro son solo algunos de los muchos ejemplos de pueblos que reflejan el desmantelamiento de la industria española, un sector que sufre sus horas más bajas. “Somos el metal del futuro. Tenemos la industria, el conocimiento, las instalaciones. Lo tenemos todo. No hay explicación”, señala López Corbacho.

La industria española ha entrado en recesión probablemente como consecuencia del Brexit y las dificultades del sector del automóvil

Según el Índice de Gerentes de Compra (PMI), la actividad del sector manufacturero de España se ha contraído hasta entrar en recesión. Concluyendo así una secuencia de crecimiento continuo, iniciada hace cinco años, probablemente como consecuencia de la desaceleración generalizada a nivel europeo ante el Brexit, según el Ministerio de Industria, y las dificultades del sector del automóvil. No obstante, la creación de empleo también se ha estancado. La confianza empresarial ha descendido a su nivel más bajo y los precios, tanto de venta como de compra, se han contenido debido al abaratamiento de los derivados del petróleo.
 

Índice de Producción Insutrial (IPI) en España 2018. Fuente: El País

España tiene el mayor déficit comercial de bienes desde hace un lustro

Tal vez, la desaceleración industrial está estrechamente relacionada con un entorno de fabricación mundial cada vez más desafiante, especialmente en otros países europeos. Sin embargo, aunque se trata de un efecto que sorprendentemente sufren también otras potencias de la Eurozona de la talla de Alemania e Italia, en el caso de nuestro país, resulta más alarmante. La economía española mantiene un ritmo de crecimiento mayor que el resto de miembros de la Unión Europea. En este contexto, las fuerzas del mercado llevan a un mundo de innovación en el que se considera que España está perdiendo la carrera frente a las megalópolis. “No queremos conformarnos con ser una industria manufacturera periférica en Europa pero esto no se arregla con ayudas, sino con participación del Estado para reforzar la política industrial”, ha espetado Ángel Martín, secretario general de industria de CC.OO.

Por otro lado, según fuentes oficiales del Ministerio de Industria y Comercio, las exportaciones de bienes en España crecieron un 2,4%, mientras que las importaciones avanzaron un 3,5%. Esta diferencia en el crecimiento ha provocado que España tenga el mayor déficit comercial de bienes desde hace un lustro. El resultado ha sido que la balanza de bienes se ha deteriorado a un ritmo frenético en los últimos años. Este deterioro se compensa únicamente gracias a la entrada de divisas por el boom del turismo, el desplome del petróleo y el frenazo de las importaciones. Solo así se explica el sorprendente superávit de la balanza que todavía conserva España en la actualidad. A pesar de ello, Carlos Reinoso, director de la patronal de fabricantes de papel y cartón Aspapel, reclama medidas de política nacional para que el sector industrial español gane peso. Ha asegurado que “la industria genera un tejido social y económico, no solo ofrece mejores salarios, sino desarrollo profesional. ¿Qué alternativa hay a eso? ¿Quedarnos como una sociedad de museos y hoteles?”.

Puede que el país se incline más que nunca hacia un futuro de la economía española basado en los servicios

Si bien es cierto que, según los analistas y empresas, la estadística construye una sombría premonición, por ahora piden calma: podría ser un pequeño temblor y no un gran terremoto. Quién sabe si algún día los trabajadores que han perdido sus empleos en Alcoa y en tantos otros de esos pueblos que dependen en exclusiva de la actividad industrial española, verán un sector reconvertido, modernizado y siendo fuente de numerosos puestos de trabajo. No obstante, en este momento dicha reconversión se antoja improbable. A pesar de la naturaleza cambiante del sector industrial, las alertas nos hacen presagiar, más que nunca, un futuro de la economía española basado en el sector servicios, principalmente el turístico. Mientras que la industria tendrá que conformarse con mantenerse en un segundo plano.
 
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