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La hora de una nueva Europa

Editorial
Internacional
Imagen con licencia CC
Aunque muchos se empeñan en ver en el Frente Nacional francés una amenaza para el continente europeo, la realidad es que la llegada de Marine Le Pen a la segunda vuelta de las elecciones francesas es una oportunidad para construir una nueva Europa.

Sus propuestas para controlar las fronteras deben entenderse en el contexto actual: Francia lleva en máximo estado de alerta antiterrorista desde el 13 de noviembre de 2015. Esta medida, pensada como excepcional, no es una solución a largo plazo. Hay que plantear nuevas políticas para evitar nuevos ataques, y la candidata Le Pen propone medidas que, al menos, deberían tenerse en cuenta por las instituciones de la Unión.

Repensar el espacio Schengen no es una locura. La U.E. surgió como un espacio de libre circulación de capital y mercancías (las Comunidades Europeas tenían una clara finalidad económica), y sus instituciones no están preparadas para la libre circulación de personas. Como prueba de ello está el acuerdo firmado con Turquía para evitar que los refugiados entren en suelo comunitario. Al menos el Frente Nacional no lo disfraza y lo dice claramente: en Europa no cabemos todos.

El resultado de las elecciones muestra cómo los partidos tradicionales han fracasado. El Partido Socialista se ha hundido, quedando como una fuerza residual; y los Republicanos han visto cómo François Fillon no ha conseguido pasar a la segunda vuelta. Ambos partidos eligieron a sus candidatos por primarias, pero ha sido inútil. Este sistema se ha demostrado ineficaz. Después de la elección de candidato, los partidos quedan rotos, sin liderazgos claros. Las luchas intestinas comienzan a hacerse visibles, y la atención deja de estar en el futuro del país y se traslada a mantener el poder en la propia formación.

La sociedad francesa está harta. Después de las políticas de austeridad aplicadas por Sarkozy, los franceses apoyaron a Hollande para cambiar el rumbo del país. Pero la gestión del presidente socialista no ha sido la esperada. Se han sucedido diversas crisis de gobierno, y el ganador de la primera vuelta había sido ministro de economía con el socialista. Emmanuel Macron representa los poderes tradicionales en su versión light. Se le asimila a la propuesta política de Albert Rivera: líder de una formación impulsada por los poderes económicos para mantener el establishment.

Por eso Le Pen pudo presentarse en la noche electoral como “la candidata del pueblo”. Ha sido la única que ha conectado con las demandas de cambio de los ciudadanos, y prueba de ello ha sido la rapidez con la que la mayoría de formaciones le han negado su apoyo para la segunda vuelta. Si el Frente Nacional gana a ¡En Marcha!, los poderes fácticos se pondrán nerviosos y con razón, porque Le Pen tiene como objetivo cambiar las cosas.

Es absurdo presentarse como savia nueva para que todo siga igual. No tiene sentido disfrazar el inmovilismo como cambio. Por eso es necesario un mensaje como el de Le Pen: el cambio tiene que ser real. Tiene que aportar ideas nuevas y rompedoras. Por una vez, los franceses no tendrán que elegir entre dos opciones similares.

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