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Jamón, folclore y vergüenza

Editorial
Local

España: el segundo país del mundo con más Patrimonios de la Humanidad. Nuestras ciudades están rodeadas por infinidad de pintorescos lugares declarados Monumento Natural. Las playas y la comida no tienen nada que envidiar a otros rincones paradisíacos del planeta. Las fiestas regionales atraen a miles de curiosos nacionales y extranjeros que acaban incorporándolas a sus calendarios. Sin embargo, España, mal que nos pese es también conocido por ser el país de los escándalos.

El pasado 3 de marzo ocurría un nuevo espectáculo lamentable en la historia política y social de este bien amado y cordialmente odiado país. Podría haber sido la fiesta de jubilación de un empleado municipal como cualquier otra: comida y bebida como si al día siguiente fuese a comenzar una guerra nuclear y discursos de compañeros y compañeras llenos de risas y lágrimas. Esta vez, el Ayuntamiento de Alcalá de Henares –o algunos sujetos dentro del mismo- consideraron que faltaba algo. ¿Y qué falta en una buena fiesta de despedida de un compañero? Según estos individuos trogloditas la respuesta estaba clara: un striptease.

El tema no conllevaría mayor relevancia si el espectáculo se hubiese realizado en un bar, una sala de fiestas, un restaurante o un local de striptease –para algo existen estos establecimientos, señores y señoras complutenses. Aunque cualquiera de los emplazamientos anteriores sería perfecto si se decide llevar a cabo una fiesta de este tipo, los compañeros del entusiasmado recién jubilado decidieron que era aún mejor idea que se celebrase en dependencias municipales y con los uniformes aún puestos.

A pesar del lugar donde ocurrió, aún si hubiese llegado a los ciudadanos votantes como un rumor o una filtración anónima de alguno de los presentes –o ausentes- de la fiesta podría haberse reducido el impacto. Pero estamos en un maravilloso país en el que lo surrealista se convierte en cotidiano. La noticia se filtró a la prensa y a medio mundo a través de un video que grabó uno de los participantes. En él se puede ver la escena completa junto con sus comentarios fuera de tono.

Seis minutos de bochorno, descaro, insolencia, desfachatez y vergüenza pública. Tanta trascendencia tuvo el incidente que el Equipo de Gobierno responsable del mal uso de las instalaciones se disculpó de inmediato y abrió una investigación ipso facto.

Por supuesto la oportunista oposición aprovechó el patinazo socialista para dedicar palabras indignadas en contra del hecho, como si estuviesen libres de pecado para lanzar la primera piedra.

Podemos al menos estar orgullosos de nuestros ciudadanos que calificaron la jubilación con espectáculo de lamentable e intolerable y al jubilado y sus compañeros de vividores irrespetuosos y merecedores poco menos que de la antigua ley franquista de vagos y maleantes.

Como colofón final al desastre institucional que ha iniciado este tipo de comportamiento, no debemos perder de vista lo que conlleva en sí la normalización de

contratar un espectáculo de striptease como algo habitual en una fiesta de jubilación de un varón. El hecho de que los participantes y la prensa hayan subrayado que lo deleznable es dónde se ha realizado y que haya pruebas audiovisuales y no incidan en sí en el problema que subyace es cuanto menos preocupante.

Normalizar el striptease es un paso anterior a normalizar la prostitución como una consecuencia social de una fiesta, de una celebración. Para pasarlo bien hay que utilizar a la mujer como un objeto de deseo, como un trozo de carne con tacones y liguero. Es el resultado de una sociedad corrupta, atrasada y machista que debe trabajar en sus incesantes estropicios en busca de una sociedad mejor.

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